sábado, 10 de junio de 2006

Miserabilis



He sabido que hace unas pocas semanas, a mediados de abril había muerto en su querida ciudad de adopción, Roma, un conocido colega. Joven, muy joven, apenas 49 años. Llevaba varios años luchando denodadamente contra un cáncer de cartílagos que, finalmente, ha ganado la batalla.

Era homosexual. Nunca lo ocultó ni hizo gala de ello tampoco.

Me dijeron que, por fín, casi in articulo mortis se había casado con su pareja sentimental de tantos años, legalizando su unión ante alguna autoridad de la embajada española.

Entre sus últimas voluntades había dejado dispuesto que fuera incinerado y sus cenizas dispersadas en un yacimiento arqueológico catalán a cuya investigación había dedicado muchos años de su vida profesional. Y ahí han surgido los problemas.

La católica Italia que admite sin sonrojos escándalos de la magnitud de los acaecidos durante la era Berlusconi; la católica Italia que ha dado a la Historia, junto a grandes santos, sublimes violadores de todas las leyes humanas y divinas imaginables con especial refinamiento en los placeres prohibidos del sexo, no considera legal el matrimonio homosexual. De manera que el cónyuge vivo no puede reclamar las cenizas del finado ni trasladarlas a España. Ha de hacerlo un familiar directo, y no parece que ninguno esté dispuesto a ello. Qué triste, ¿no?

Sí, tristeza más que indignación me produce pensar en este drama personal construido sobre el rechazo de propios y extraños; en esa persecución más allá de la muerte porque quiso y pudo amar de un modo distinto. Ser diferente, ¿recuerdas?

A veces me avergüenza formar parte del género humano.

3 comentarios:

AGo dijo...

tan triste como las tardes de lluvia en mi ciudad o las larguísimas e interminables colas en las "cajas rápidas" de los hipermercados...

:-(

pensando las personas entienden,
pero la gente, no...

Mari-- dijo...

A mi no me avergüenza casi nunca, siempre hay quien aprecia la vida y la respeta.

Mari-- dijo...

Me retracto.
Sé que pasará, porque hay gente que sigue respetando la vida, pero ahora mismo siento vergüenza de ser humana.