martes, 6 de abril de 2010

Desde mi higuera (10)

“Ja venim de berenar,
hem jugat a la tarara,
‘mos’ hem begut tot lo vi
i hem trencat la catalana”

Hacía más de cincuenta años que no pasaba los días de la Pascua Florida en mi tierra y he de reconocer que todo me ha resultado extraño por insulso. En mis mocedades esperábamos los tres días de Pascua con ilusión y emoción contenida. Días antes, desde el Domingo de Ramos, se iban perfilando las cuadrillas para las meriendas procurando quedar emparejados aunque sólo fuera provisionalmente. Los días de luto obligado de la Semana Santa dejaban paso a la alegría del Sábado de Gloria, y a las 10 en punto el campanero lanzaba las campanas a rebato anunciando la Resurrección, la chiquillería recorríamos las calles del pueblo atronando con los cohetes y de las casas salían las madres con la “post” sobre la cabeza en dirección al horno para hornear las monas de Pascua.

El Primer Día de Pascua (actual Domingo de Resurrección) por la tarde el pueblo se quedaba desierto: todos estábamos en las eras y atarazanas de los alrededores provistos de un “saquet” (los chicos) y un capazo de palma decorado con vivos colores (las chicas). Entre las viandas no podía faltar una lechuga y unas cebolletas, un envoltorio de papel de estraza con sal y una botellita de aceite de oliva, ni las longanizas pascueras largamente oreadas colgando en la cocina desde al menos quince días antes. Ni, desde luego, la mona, el “panou”, esa oronda delicia de masa dulzona coronada por un huevo duro y adornada con clara de huevo montada.

Al atardecer, después de merendar y bailar infatigablemente todo el repertorio de canciones de corro, volvíamos al pueblo y las casas se iban tragando a sus habitantes buscando el ansiado reposo para poder continuar la fiesta los tres días preceptivos.

Hoy las eras y atarazanas son polígonos industriales, y cada vez quedamos menos nostálgicos de aquellos tiempos. Mis sobrinos pequeños me miraban con extrañeza mientras les contaba estas cosas, fastidiados por tener que desatender esas extrañas maquinitas con pantalla a las que están pegados constantemente.

Y he venido solo a sentarme bajo la higuera y comerme mi mona de Pascua y a rumiar que hay vivencias que no se pueden compartir… Ni falta que hace, añado.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues si, disfrute la reseña, extrañamente mi castellano quedo corto y ahora recurrirá al diccionario RAE, pero en general,aunque muy diferentes, los recuerdos de la Semana Mayor de nuestros tiempos viejos, son llenos de nostalgia individual.
Un saludo.

PGC dijo...

Perdona no se que paso, el comentario salio como anónimo.

Un saludo.

Xiruquero-kumbaià dijo...

Recordar el Sábado de Gloria nos situa bien el el tiempo.
Bellos recuerdos. Por cierto, que significa "trencar la catalana"?
Cordialment,

Diògenes dijo...

Sí, si. També jo recordo els temps de dissabte de glòria, quan la setmana santa allargaba les celebracions i també les devocions. Sóc de ciutat, però també xiquet de barri, perquè Gràcia mai no ha arribat a ser ciutat. Em penso...
Per cert, encara es mengen les mones de Pasqua per les terres valencianes?
Ah! quines pensades... Coses de la veterania. Salutacions jaio Salva!

Yayo Salva dijo...

Xiruquero, la copleta té vàries variants. La catalana és un porró de vidre per beure a gallet, amb coll i berquelló llarg. En una altra variant, porser més antiga, trenquen la carabassa. Jo encara he conegut llauradors beure amb carabassa.

Yayo Salva dijo...

Diògenes, la tradició dels berenars pasqüers amb mona i tot, está pràcticamente perduda per les terres valencianes. Ai, el progrés...!

Oso dijo...

Curiosamente yo he pasado esta Semana Santa en Xeraco (me he acordado de ti todas las vacaciones) con un compañero de trabajo y me llevó por la montaña contándome donde se celebraban las fiestas. Me contaba cómo subía todo el pueblo hasta una explanada y ahí todo el mundo disfrutaba los unos con los otros. Parece que muchas tradiciones se van perdiendo. Una pena.

Un abrazo.

Salvador dijo...

Grans records tocaio Salva.
I és que avui s'han anat perdent moltes d'aquestes festes tradicionals.
Es una llàstima, però els que ja tenim una edat (ai las), sempre podem recòrrer al nostres records de joventut...
Una cordial salutació

Yayo Salva dijo...

Oso: yo estaba a un paso de Xeraco. Lástima no haberlo sabido y también os hubiera hecho de guía algún rato.
Un abrazo.

EDUARDO CAVIERES dijo...

Amigo, las cosas cambian impresionantemente rápido, tengo 30 años de edad, pero las experiencias y tradicones que vivía en casa de mis padres cuando pequeño, lamentablente muchas han desaparecido y solo quedan en la memoria y mis primos mas pequeños escuchan como si nuestros relatos fueran de extraterrestres.

Un abrazo, Eduardo Cavieres.