jueves, 8 de septiembre de 2011

Desde mi higuera (21)

Hace mucho tiempo, demasiado, que no vengo a sentarme a la sombra de mi higuera. Ahora comienza a ser tiempo de higos por acá y ya van pintando de negro. El verano da sus últimos coletazos retozones regalándonos calores todavía, pero las playas se van quedando desiertas. Sería bueno que lloviera antes de la siega del arroz. Que lloviera, no esas tormentas que a veces nos trae septiembre y que nos pone perdidos en unas horas, con el agua hasta la rodilla.

Para los ritmos de la sociedad española septiembre es el mes de los retornos: retorno al trabajo después de las vacaciones (aquellos afortunados que tienen trabajo y vacaciones), retorno a las aulas de grandes y pequeños, retorno…, πάντα ρει…

Me gustaría retornar de algo, pero comienzo a ser lo suficientemente añoso como para estar ya de vuelta de casi todo. No, no es cierto: Ítaca estará siempre más allá de mi horizonte. Por eso he retornado a mi higuera.

jueves, 5 de mayo de 2011

Desde mi higuera (20)

Dicen los norteamericanos que han matado a Bin Laden. Si es así, un canalla menos sobre la faz de la tierra. Pero el suceso tiene todo menos transparencia, de ahí que se hayan levantado muchas voces reclamando una claridad que los organismos oficiales norteamericanos no están dispuestos a proporcionar y otras apuntando ciertas ilegalidades de la acción que lesionan el Derecho Internacional.

Uno, que es perro viejo y desconfía del altruismo de las políticas y las acciones internacionales, no puede quitarse de la cabeza que el suceso ocurre en un momento en el que Obama se encontraba acorralado, perdiendo popularidad a manos llenas ante sus votantes y con el escándalo de la prisión de Guantánamo (que había prometido cerrar) estallándole en la cara. La sociedad norteamericana, simplona donde las haya, con la eliminación de su enemigo público nº 1 adecuadamente orquestada por la CIA ante los medios de comunicación, consagra de nuevo a su líder en el altar de la popularidad y mira a otro lado en el asunto de Guantánamo. Bueno, allá ellos.

Lo que me preocupó del primer discurso de Obama al dar oficialmente la noticia de la muerte de Bin Laden fue una frase que no recuerdo literalmente pero cuya idea venía a ser: Los EE.UU. tienen libertad de acción en cualquier parte del mundo para defender sus intereses. Y eso me recordó la tristemente célebre Doctrina Monroe de 1823 que se resumía, entonces, en “América para los americanos”, luego en “América para los norteamericanos” y ahora en “El mundo para los norteamericanos”, justificando así su intervención allí donde ve lesionados sus intereses.

En política, desde mucho antes de que Maquiavelo lo pusiera en solfa, el fin justifica los medios. Así de claro y de sencillo, aunque almas cándidas como la mía no consigan tragarse ese sapo.

jueves, 14 de abril de 2011

Desde mi higuera (19)

Acabo de regresar de Roma. La Ciudad Eterna está tomada por miríadas de adolescentes de caras granujientas y calzones a media anca, que graznan todas las lenguas imaginables con evidente predominio del slang yanqui. Imposible pasear por los foros con cierta tranquilidad y sosiego. Aquellas venerables ruinas que invitan a la meditación sobre la levedad del ser y en las que antaño uno podía encontrarse con el eco de la arenga de Cicerón contra el malvado Catilina (Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?...); aquellas nobles inscripciones epigráficas ante las que uno revitalizaba su oxidado latín clásico, ahora son pasto del trote juvenil, parejitas que pasan sin ver, entretenidas solamente en mirarse arrobadas, con ojos de cordero degollado, por los efluvios venéreos. La Vía Sacra calla: ha visto tanta necedad hollar sus enormes adoquines a lo largo de más de dos mil años que debe estar ya de vuelta de todo.

Sólo los pinos del Palatino parecen ajenos a todo y mecen sus serenas siluetas mientras cae la tarde…

martes, 5 de abril de 2011

Desde mi higuera (18)

La comedia de la política española ha entrado en un nuevo lance tras el anuncio del presidente Zapatero de no ser candidato en las próximas elecciones generales. Como en las tragedias griegas, el coro de la oposición grita desaforadamente: “¡Que se vaya, que se vaya!”. Bueno, eso ya lo decían antes, pero ahora lo dicen más alto si cabe.
Estoy habituado a escuchar en las Cortes y en el Senado, según los reportajes que transmite TVE, argumentos con el calado de una barquilla de agua dulce. Después no tengo fuerza moral para amonestar a mis sobrinos, estudiantes de bachillerato, cuando dicen las simplezas que dicen. Siempre pienso: “Al menos valdrán para políticos”.
Confundir el culo con las cuatro témporas de año (en fino se diría confundir la gimnasia con la magnesia) parece habitual en nuestros próceres del PP, con tal de joder a sus oponentes. Los contrarios no lo hacen mejor, pero ante tales argumentaciones es más sencillo contra-argumentar. Ahora, los cerebros de actividad casi plana interpretan el anuncio de Zapatero como la evidencia inapelable de que no vale para presidente y de que ni los suyos le quieren. Como si uno, por el hecho de llegar a presidente, debiera morir con las botas puestas y en olor de multitud. Como si las elecciones anticipadas fueran otra cosa que un asalto al poder para cambiar de poltrona quienes ya están instalados y viven (¡y cómo viven!) de la política.
España, país de quijotes, de santos, de soldados y de aficionados a la contemplación de espectáculos deportivos (lo de los toros va de capa caída, para solaz de los antitaurinos) está siempre en contra, por definición, de la Autoridad, en particular cuando vienen mal dadas. Zapatero es el diablo en persona, dicen.
Yo no sé si el Gobierno es culpable de lo mal que van las cosas. Algo de imbecilismo sí hubo al principio de la “no crisis”, aunque más por miopía o por miedo a la impopularidad que porque se pudiera hacer algo positivo para evitarlo. Pero yo creo que no es culpable. Al menos no de las cosas que dependen de la gran economía mundial, que son, directa o indirectamente, el 90% de nuestros problemas. En tiempos de recesión económica un país como el nuestro, siempre subsidiario y a remolque de las economías más fuertes a las que sirve, está a merced de vaivenes ante los que nada puede hacer salvo apretarse el cinturón y tomar pastillas contra el mareo. Pero no significa lo mismo apretarse el cinturón para unos que para otros; como tampoco es lo mismo mandarlo que hacerlo. Y eso es lo triste.
Desde hace mucho tiempo todas las medidas legislativas serias impuestas vienen dictadas desde fuera, desde la Comunidad Europea. Y eso no cambiará mande quien mande en el país. Y todas son impopulares. ¿Cambiará de nombre el PP en la próxima legislatura si gana las elecciones?

domingo, 20 de febrero de 2011

Desde mi higuera (17)

Llevan ya transcurridos casi dos meses de un 2011 que nació envejecido, corroído por una crisis que parece interminable. “Y lo que te rondaré, morena…”, dice el saber popular. Viajar en el vagón de cola del convoy europeo hace que el traqueteo y las sacudidas sean más acusadas. Si lo sabré yo que me he pasado media vida viajando en "tercera" y la otra media en "turista", que es su equivalente modernizado.

Pero lo que me ha dado tema para esta entrada ha sido una conversación escuchada inevitablemente hace un par de días durante el entreacto de un concierto en el Palau de la Música de Valencia. Barenboim acababa de interpretar magistralmente el Segundo Concierto para piano y orquesta de Liszt y en nuestro grupo de contertulios se comentaban distintos aspectos de la música escuchada poco antes. Justo al lado, cuatro mujeres ya maduritas, luciendo pieles y abalorios de precio, cotorreaban en un tono de voz nada susurrante su enorme preocupación ante el rumor de que el Gobierno fuera a dejar de subvencionar los colegios concertados, y se referían al nada halagüeño futuro de un colegio católico en concreto (no recuerdo su nombre). Para ellas no había duda de que se trataba de un ataque frontal y diabólico contra la Iglesia Católica y sus principios o, lo que era lo mismo, contra los principios básicos de la sociedad española. Se me quedó bailoteando en la cabeza una frase lapidaria: “Si éstos siguen algún tiempo más en el Gobierno, van a acabar con todo. Recemos para que acabe pronto tanta persecución”.

Tentado estuve de irrumpir en su conversación para decirles que, en mi opinión, y en época de crisis, subvencionar colegios privados era una galantería que quizás fuera necesario suprimir por mor de otras urgencias realmente perentorias. No estoy en contra de la existencia de colegios privados, siempre que sus enseñanzas no colisionen frontalmente con los sistemas de valores socialmente acordados para una convivencia pacífica. En cuestiones de conciencia, allá cada cual. Pero pretender que el erario público de un país confesionalmente laico subvencione las enseñanzas religiosas me parece, como poco, cuestionable. Es responsabilidad de cada confesión religiosa afrontar el esfuerzo necesario para mantenerse y progresar, a expensas de sus propios correligionarios no de la ubre del Estado. La religión nunca ha sido una asignatura gratuita (aunque durante mucho tiempo fue obligatoria la Católica) y su coste no debe asumirlo toda la comunidad indiscriminadamente.

Pocas confesiones religiosas cuentan con una infraestructura tan compleja y rica en medios como la católica. No en vano sus iglesias se cuentan entre los edificios más visibles de nuestros pueblos y ciudades. Es en ellos y no en los colegios donde debe ejercerse su sagrada misión de evangelizar y ganar adeptos para sus cada vez más menguantes feligresías. Algo anda (huele) mal en ese tinglado y echarle la culpa al Estado es hacer como el avestruz. Hasta es posible que la culpa sea de la televisión...

domingo, 19 de diciembre de 2010

Desde mi higuera (16)


Es tiempo de Navidad. Cristianos y no cristianos celebramos fiestas en estos días y, en todo caso, la llegada de un Nuevo Año es motivo de regocijo y esperanza para todos. El mundo marcha mal. España marcha mal. A nivel personal, quien más y quien menos arrastra sus problemas en el talego, y probablemente ahí seguirán cuando, dentro de unos días, estrenemos el Nuevo Año 2011. Démonos, pues, una tregua no para esconder la cabeza bajo el ala como el avestruz sino para abrir la puerta a la esperanza.
Paz y bien a todas las personas de buena voluntad que pasan por esta página.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Desde mi higuera (15)

Los recientes vendavales han dejado mi higuera sin una sola hoja. Tampoco hay hojarasca en el suelo, y bien que lo siento porque con la humedad de las noches de otoño, bajo las hojas secas había cientos de lombrices que me venían muy bien para cebar los anzuelos para pescar la anguila.

En cambio soy un hombre de suerte. Cada vez que entro en Internet a consultar cualquier página me salen varios anuncios diciendo que soy el visitante 1.000.000 y que me va a tocar un BMV, o 30.000 euros, o el oro y el moro. No sé dónde voy a poder guardar tanto coche ni cómo gastar tanto dinero como me prometen.

Sí, como era previsible, Internet ha sido tomada al asalto por los anuncios publicitarios, cuando no por timadores profesionales y gente de mal vivir. Ciertos servicios en principio altruistas, como Google, han cambiado de manos a buen precio y ahora, cada vez que haces una consulta, te asaetan con anuncios interactivos de lo más variados.

Luego están los correos electrónicos que llegan a diario anunciando medicamentos maravillosos cuya ingesta me proporcionará erecciones de veinteañero. ¡A buenas horas mangas verdes…! O los más criminales en los que te proponen negocios redondos, del tipo “timo de la estampita” en versión cibernética, a cambio de que les descubras los secretos de tu cuenta bancaria. Para “limpiártela”, claro.

Desde hace varios meses me llegan correos amenazadores con los logos de MSN anunciándome los siete males (entre ellos la anulación de mi cuenta que me cuesta buenos euros al año pagados por anticipado). En el último, recibido hace unos días, si no les daba mi número secreto me la anulaban en 24 horas. Como si la verdadera compañía MSN no lo conociera de sobra cada vez que accedo a diario a sus servicios.

Internet, cuya gigantesca estructura hemos hecho los cibernautas siguiendo, como los borricos la zanahoria, los cebos que nos han ido poniendo en la pantalla, ya es un negocio redondo por los cuatro costados. En cierto modo nos tiene cogidos por los huevos porque, si desapareciera de pronto, habría millones de usuarios que se quedarían sin sus dioses cotidianos, dueños de un tiempo y una soledad con los que no sabrían qué hacer. Porque, en gran medida, Internet acaba convirtiéndose en un vicio solitario, en una especie de onanismo irreprimible para quienes no encuentran otras alternativas de inversión para su tiempo libre.

Las numerosas redes sociales que han ido surgiendo como las setas son, en cierto modo, paliativas de ese aislamiento facilitando contactos a distancia entre personas en principio conocidas, con distintos grados de conexión. Son una consecuencia directa del éxito internacional de los blogs personales, a través de los cuales se llegan a establecer relaciones interpersonales en ocasiones muy intensas. El aburrimiento que producen al poco tiempo tales redes se trata de corregir con incentivos creativos tales como los juegos participativos, grupos de actividades, etc. para mantener el interés de los miembros y que sigan enganchados. Nada comparable, desde luego, a una partida de truc o de dominó en el bar de mi pueblo, en las que la interacción es real y consecuencia de relaciones humanas cristalizadas a través de múltiples lazos de convivencia.

Pero el rédito del acceso masivo a Internet es, inevitablemente, la comercialización desaforada, enmascarada bajo presupuestos todavía altruistas.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Desde mi higuera (14)

Hoy estoy de huelga. El bar en el que almorzamos todas las mañanas el grupo de amigos estaba abierto pero no he querido almorzar. En el pueblo se ha notado poco la jornada de huelga: las cuatro tiendas de coloniales, la botica y el bazar de los chinos estaban abiertos; Manolo el barbero también estaba en su puesto; Paco el mecánico y Pepe el fontanero no han abierto hoy; por la mañana no se veían niños por la calle, de lo que he deducido que estaban en la escuela.

Estos días pasados me decía: “Por fin voy a poder hacer una huelga general”, porque en las anteriores, por razón de mi cargo en la Administración, siempre salía con nombres y apellidos en las listas de servicios mínimos. Ahora que soy un jubilado congelado ya es otra cosa. Pero, ¿en qué puede consistir hacer huelga para un jubilado en un pueblo pequeño? He decidido que debía dejar de hacer lo que habitualmente hacía a diario. Cuando esta mañana he dicho que no pensaba comer y que las mujeres de la casa harían bien en no guisar se me han puesto todas como basiliscos. “¡Estás tú bueno! –decían-. ¿Y qué pasará con los niños?”. Siempre hay algún detalle que hace que las cosas no salgan bien. He tenido que comer para no dar mal ejemplo a los niños.

La mayor parte de mi tiempo se reparte diariamente entre dar largos paseos por el campo, leer, estudiar, escribir y escuchar música. Así que he decidido no hacer hoy ninguna de esas cosas. Me he sentado delante del televisor a media mañana (cosa que no hago nunca) y me he puesto a hacer zapping. Las televisiones públicas parecían ceñirse a servicios mínimos, con mucho documental y cosas así pero las privadas andaban a lo suyo. La única cadena que parecía estar más en el rollo de la huelga era CNN+, así que la visitaba con frecuenta y escuchaba con no poco estupor las guerras de cifras del seguimiento entre unos y otros, y otras lindezas, si bien, a decir verdad, los agentes del Gobierno brillaban por su ausencia no sé si por imposición disciplinaria o porque no se les entrevistaba. Me temo que sería lo primero porque no pocas veces me ha llegado la orden de no hacer declaraciones y escurrir el bulto de la forma más elegante posible.

Quienes se despachaban a gusto eran los sindicalistas, desbarrando, manoseando argumentos populistas y sin saber cómo entrar en el meollo. Porque el meollo, como inteligentemente ha dicho Santiago Carrillo en una entrevista, es que el Gobierno está maniatado por las directrices europeas y éstas están dictadas por los intereses económicos, es decir por la banca en última instancia. En el marco europeo, a joderse tocan. No hay otra salida que apretarnos el cinturón los de siempre y cargar con el peso de la crisis hasta enjugarla. Está muy bien que voceen los liberados, esos cuyos sueldos les vienen dados por decreto-ley. Pero muchos de los que tienen todavía algo que perder se dicen en voz baja que hay que capear el temporal y esperar tiempos mejores. Por lo menos tienen esperanza…

viernes, 30 de julio de 2010

Desde mi higuera (13)

¡Qué calor hace! No corre un pelo de aire y la sombra olorosa de mi higuera no es ningún alivio. Caliente está también el ambiente taurino en Cataluña tras la decisión política de prohibir las corridas de toros. Y digo política porque la tomaron los políticos atendiendo los deseos y argumentos del sector antitaurino y desatendiendo los de los no pocos aficionados a la “fiesta nacional” española. El resultado de la votación de hace dos días en el Parlamento catalán (68 a favor de la prohibición y 55 en contra) no parece coincidir con la opinión popular dentro del Estado español, recogida en varias encuestas de los últimos años: algo más del 30% de los encuestados prohibiría la tauromaquia y casi el 60% no sería partidario de la prohibición. Ignoro cuál sería el resultado de una encuesta de este tipo realizada en Cataluña, pero si se pareciera al nacional indicaría que el Parlamento catalán no está en sintonía con la voluntad popular en este asunto. Lo cual parece que no es ninguna novedad.

No soy aficionado a los toros. No les veo la gracia. Pero no dejo de reconocer que las tauromaquias son ritos ancestrales de origen mediterráneo que se remontan al origen de las culturas desarrolladas. Hay muchos pueblos de la Península Ibérica y de otros países ribereños del Mare Nostrum para los que los festejos taurinos son parte importante de su folclore.

Por otro lado, las corridas de toros están en crisis y sólo sobreviven como espectáculos en las grandes plazas. Antes, no hace tantos años, había muchos pueblos de España que tenían su plaza de toros. Ahora la mayoría de esas plazas de pueblo están en ruinas o han sido derribadas. Una tradición lo es hasta que deja de serlo y eso sucede cuando el pueblo que la sustenta pierde el interés por ella. No es necesario, pues, llegar a la prohibición para anularla. Y si se prohíbe cuando es una tradición viva, no deja de ser un acto atentatorio contra la libertad. La democracia no debe ser prohibicionista sino dialogante. Me viene a la memoria una pintada callejera de aquellos años de la transición democrática que decía: “Prohibido prohibir”.

Prohibir los toros no es nada nuevo. Cualquiera que tenga sentido de la Historia recordará que, desde el siglo XVIII, se han prohibido los toros incluso a nivel nacional en varias ocasiones. A pesar de ello la fiesta ha salido adelante. Hay muchas Fuenteovejunas en España. Pero, sobre todo, las leyes cambian según las conveniencias del legislador.

Mientras tanto, los aficionados catalanes de este lado de los Pirineos podrán peregrinar al otro lado, a las plazas francesas que seguramente se beneficiarán de la situación, como hacían los aficionados al cine X en la época de la dictadura franquista. O a las plazas de Aragón o del País Valenciano.

(Nota: Ilustración tomada de http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Cartel_toros_barcelona.jpg)

jueves, 24 de junio de 2010

Desde mi higuera (12)

Con el ruido de la crisis económica y del decreto de medidas económicas restrictivas para funcionarios, pensionistas y otros colectivos fácilmente controlables sumamente amortiguado por la euforia del Mundial de Fútbol (la vieja fórmula romana del “panem et circensis” que tan buenos resultados ha dado a lo largo de la Historia), ahora el revuelo lo ocasiona la prohibición de usar el velo con el que se cubren el rostro las mujeres de ciertos credos religiosos. Me parece algo triste que se haya tenido que llegar a esos extremos. Pero más triste es todavía ese empeño conservador en medio de una sociedad como la europea que publicita la lencería femenina y los calzoncillos en grandes pancartas bien visibles. “Donde fueres, haz lo que vieres” reza un viejo refrán, y no creo que haya ningún derecho personal, aun fundamentado sobre principios religiosos, que esté por encima de los usos y costumbres públicas de nuestra sociedad occidental. En el ámbito de lo privado, allá cada cual.

En los países mahometanos es frecuente que se obligue a los occidentales, sobre todo a las mujeres, a vestir a la usanza local cuando se quiere visitar alguna mezquita o lugar sagrado importante. En cierto modo es lo mismo pero al revés.

El problema, desde luego, es más profundo. Reconozco no conocer con la profundidad necesaria los preceptos de Mahoma pero me temo que, como sucede con el cristianismo, las castas sacerdotales han hecho las cosas de manera que el varón resulte el Rey de la Creación por designación divina. Son religiones fundamentalmente machistas, aunque algunas sectas cristianas (entre ellas la católica) están dando últimamente la de cal y la de arena forzadas por las circunstancias y por la pérdida de clientela. Quizás sea el momento de “modernizar” y actualizar también aquellas reglas que no atentan contra los preceptos fundamentales del Profeta. Es una cuestión de educación como la que hemos vivido los españoles desde el omnipotente y omnipresente Nacionalcatolicismo a la actualidad, pasando por el frustrado Concilio Vaticano II.

No creo que los mahometanos con chilaba y todo estén más salidos que los occidentales, pero he visto muchas veces en las ciudades turísticas de la morería cómo se les disparaba inconteniblemente la mano a algunos para tocarle las posaderas a la muchacha con vaqueros que pasaba por su lado. Todo un arte. Quizás los vestidos holgados, además de más cómodos en un clima cálido (lo sé por experiencia), sean un remedio contra la concupiscencia. La educación también lo es. Cada cual es muy libre de pensar lo que quiera, pero creer que ver el rostro de una mujer (a veces maltratado y comido por el salfumant de un marido con visos de cornudo) pueda resultar excitante y pecaminoso para los demás se me antoja una exageración. Por acá andamos ya curados de espanto y necesitamos emociones más fuertes para ponernos cachondos.Y si se trata de una cuestión de propiedad machista, es una ilegalidad flagrante en una sociedad con Ministerio de Igualdad.