Mostrando entradas con la etiqueta Actualidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Actualidad. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de diciembre de 2017

Navidad 2017






Tiempo para el recuerdo y la reflexión

lunes, 26 de diciembre de 2016

Desde mi higuera (43)


Paz y felicidad a quienes se acerquen a esta página, y a los otros también...

jueves, 18 de diciembre de 2014

Desde mi higuera (42)


Hace mucho tiempo que no vengo a sentarme bajo la higuera a meditar en voz alta. Demasiado... Trataré de remediarlo en próximo año. Mientras tanto, llega la Navidad y es el tiempo de los buenos deseos. Paz y bien a todas las personas de buena voluntad que se acercan a visitar estas páginas.

sábado, 28 de junio de 2014

Desde mi higuera (41)

Con harta frecuencia escucho en las conversaciones de café que España sería el país más rico de Europa de no ser por la miríada de sinvergüenzas que meten mano al Tesoro Público para llenarse los bolsillos. Según los medios de comunicación, mires donde mires salta la noticia de un nuevo atropello, de nuevos encausados, de nuevos escándalos (o viejos escándalos sin resolver todavía cuyo sumario engorda "ad infinitum").

Quizás sea verdad eso de que el deporte nacional no es el fútbol sino el robo de guante blanco. Leí hace poco que en España existen unos 10.000 aforados, es decir, personas con un estatus especial a las que la Justicia no puede encausar de forma inmediata. No acabo de entender por qué un diputado, o un senador, o un alto cargo político debe ser inmune a la acción normal de la Justicia. Pienso que debería ser al contrario: precisamente por razón del cargo debería estar más vigilado y, al primer desmán, garrotazo y a la puta calle. Pero ya se han preocupado ellos por hacerse leyes que les hace inmunes a las contravenciones de cualquier código ético.

Otro deporte nacional es el nepotismo o, como dicen ahora los periodistas faltos de culturilla, la endogamia. Según el diccionario de la RAE nepotismo es la "desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos". En cambio, endogamia (en su segunda acepción) es la "actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución". Desde mi punto de vista, el enchufismo tan practicado por políticos y afines es más bien nepotismo que endogamia. Pero bueno, la palabreja es lo de menos. Lo realmente airante es que en las Administraciones, en los últimos años, muy pocos "trabajadores" han pasado por las horcas claudinas de las oposiciones para ganarse el puesto de trabajo. Son trabajadores "digitálicos" a los que con el tiempo se les "arregla" su situación laboral mediante trampas legales. Para los altos cargos ni siquiera hace falta hacer trampas...

Estos días esoy especialmente cabreado con Hacienda, esa "cosa" que dicen que somos todos. El refinamiento de las trampas legales con los sufridos pensionistas es extremado. Con una mano te dan unas perrillas y con la otra te las reducen en un porcentaje escandaloso, inmoral. Para la publicidad lo que cuenta es lo que te han dado, no lo que te quitan luego. Y si no pagas religiosamente tus obligaciones te amenazan con una amplia serie de medidas que pueden dejarte "en porreta". Sin embargo todavía no he oído que los condenados por grandes robos al Estado hayan devuelto un sólo euro. Parece que pagan su pena con una temporada en la cárcel en plan hotel de cinco estrellas...

Acabo de ver entre los pámpanos una cuantas brevas maduras. Voy a cogerlas no sea que las vea también algún listillo y se la lleve puestas...

jueves, 27 de febrero de 2014

Desde mi higuera (39)

Tuvimos un otoño raro en cuanto al clima e igual de raro está pasando el invierno: no llueve y hace más frío de lo normal. ¿Cuándo llegarán esas mañanas soleadas para poder sentarme bajo mi higuera a solazarme? Mientras tanto el ambiente fallero se palpa por doquier.

Hace unos días leí una estadística espeluznante por lo que a mí me toca. Resulta que la vida media de la población anciana española, entre la que me cuento, ha descendido últimamente. Los viejos nos morimos antes. Es un hecho que nadie ha tenido la osadía de explicar.

Cuando hace un par de años o tres se empezó a practicar el medicamentazo y el co-pago de las medicinas para los afiliados a la Seguridad Social, que somos la inmensa mayoría, la cosa nos cayó mal, muy mal. Pero decían los políticos que no había otra solución. Las arcas de la nación estaban bajo mínimos y había que retocar algunos registros del "estado del bienesta", que no podía mantenerse con los impuestos que pagamos y con los robos multimillonarios de los políticos sinvergüenzas. No hubo más remedio que apretarse el cinturón un agujero más.

Yo me encuentro bien de salud, afortunadamente, gracias a los medicamentos. Quiero decir que soy usuario habitual de medicinas para paliar ciertas deficiencias crónicas como la diabetes y, últimamente, ciertos achaques que me producen vértigos incómodos. Voy periódicamente a mi médico de cabecera (ahora los llaman médicos de familia, puro eufemismo) a por recetas y el bueno de Don Enrique siempre me dice: "Estas entran en el Seguro pero estas otras no". En palabras llanas: hay medicinas que tendré que co-pagar y otras que pagaré totalmente. Don Enrique, como quejándose, apostilla: "Cada día me llegan notas diciendo que tal o cual preparado ya no entra en el Seguro". De la consulta, a la farmacia. Allí, en la farmacia, veo con harta frecuencia que el enfermo pregunta al farmacéutico o a su mancebo cuánto le van a costar las medicinas, y con la misma frecuencia prescinde de alguna de ellas porque el bolsillo no da de sí. El resultado es un mal tratamiento de su enfermedad que puede llevar a un agravamiento con el tiempo.

Estoy convencido de que en tiempo pasado se han cometido abusos en la Sanidad por parte de los "enfermos", que se han atiborrado de vitaminas y otros específicos caros y bastante inútiles salvo en estados carenciales bien concretos. La industria farmacéutica, que no tiene nada de ONG, plantea sus planes teniendo en cuenta estos factores y da la de cal y la de arena. Pero también estoy convencido de que esos abusos medicamentosos han sido el chocolate del loro comparados con los gastos faraónicos derivados de la mala gestión de la Sanidad y sus medios por nuestros próceres de la poltrona.

He de reconocer que la jugada es cojonuda: con el co-pago y la descatalogación el Estado ahorra en gasto farmacéutico, y con la muerte prematura de los ancianos el Estado ahorra en pensiones. ¿Hace falta ser clarividente para entender la jugada?

jueves, 19 de diciembre de 2013

Desde mi higuera (37)


Con mis mejores deseos de paz y armonía para quienes pasen estos días a visitar el blog. Y para el resto también...

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Desde mi higuera (36)



Estaba ayer sentado a la sombra de mi higuera, sesteando, con la radio en mi regazo, cuando me espabiló una noticia sorprendente: El gobierno de mi Comunidad Autónoma, la valenciana, iba a cerrar las emisoras de radio y televisión públicas de la Comunidad, las populares Canal 9 y Radio 9. Al parecer el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana había dictado sentencia anulando el ERE (Expediente de Regulación de Empleo) por el que el Gobierno había despedido a 1.000 empleados de dichas emisoras hace unos meses. El presidente de la Comunidad, un tal Fabra, dice que las arcas no pueden asumir los 72 millones de euros al año que supone la readmisión y ha optado por cerrar las emisoras.

Para los lectores de esta página que no conozcan la división político-administrativa de España les diré que somos una nación dividida administrativamente en varias Comunidades Autónomas con sus gobiernos propios (además del Gobierno de la Nación), un sistema que, con el tiempo, ha servido principalmente para duplicar los organismos de funcionamiento de la Administración y, consecuentemente, el gasto público, razón por la cual ahora, con la crisis, andan al acoso y derribo del funcionario. Pero de disminuir significativamente los cargos públicos, de eso nada...

El Gobierno de mi Comunidad está, desde su más tierna infancia, en manos del Partido Popular (en adelante PP o peperos) que, a la sazón, es también el partido que gobierna la Nación. La crisis que nos afecta desde hace años (según el PP por culpa de los nefandos gobiernos socialistas) ha generado en la Comunidad Valencia un agujero negro de no sé cuántos miles de millones de euros, despilfarrados por los peperos gobernantes en obras faraónicas, algunas menudencias como los sueldazos de los políticos y otras prebendas a las que sólo tienen acceso la casta gobernante y sus acólitos.

Siempre es triste que se cierre un medio de información público o privado, sea del signo que fuere. Habrá un colectivo de prosélitos que se verá afectado y eso provoca cierto sesgo en la libertad de expresión dentro de un sistema democrático. Aunque todo admite matices y alguno mencionaré luego. Pero en este caso me parece evidente que al PP le importan un pimiento la radio y la TV valencianas. Por definición siempre ha mirado y mirará con inquietud los brotes (desviaciones) nacionalistas. Fabra, el actual Alí Babá del cotarro, dice tener otras prioridades (educación, sanidad, servicios sociales, afirma cínicamente) y –ahora- no puede gastarse un euro en chorradas –antes sí-. Es evidente que su intención era cargarse las emisoras; de lo contrario hubiera podido recurrir la sentencia ante instancias judiciales más altas, como se ha hecho en otros casos. Pero no, resulta sospechosamente apropiado acatar la sentencia, asumir como innegociable la readmisión de despedidos y cerrar el kiosco. También es sospechoso que la sentencia haya anulado el ERE por defectos de forma, es decir, porque los leguleyos de la Comunidad han hecho mal su trabajo al redactar los papeles o, más sencillamente, no lo han hecho y se lo han encargado a empresas ajenas a la Administración (a las que ahora quieren pedir responsabilidades: “Todos culpables menos yo”). Tengo la sospecha de que el tal Fabra ya se esperaba lo que diría el alto Tribunal, lo cual le permitiría cerrar las emisoras de un plumazo. Nada de templar gaitas.

¿Cómo eran la TV y la radio de la Comunidad? Bueno…, digamos que tan malas como las demás (opinión personal), en perfecta sintonía con una sociedad mediocre que consume telebasura, radiobasura, comida-basura, sexo-basura, etc-basura. Hasta los no iniciados sabíamos que su plantilla de los últimos años (unos 1.700 empleados) era más el fruto del nepotismo y amiguismo político que una búsqueda de calidad en la producción que, al menos yo, no he sabido ver en mis pocas visitas al medio. Ahora, en las últimas horas o días de vida de estos entes públicos, se les llena la boca a los profesionales afectados diciendo que eran la voz que el pueblo quería oír, que eran los fervientes cronistas de nuestra historia y nuestras tradiciones, que estaban amordazados por el PP. ¡Paparruchadas…! La cuota de pantalla de Canal 9 está últimamente por los suelos. Lo único cierto es que hablaban un valenciano un tanto raro, compensado con algunas entrevistas a gente de la calle que hablaba el valenciano de la calle. También es cierto, como dicen los afectados y los corifeos que les bailan el agua o les azuzan), que la ruina económica se debe a la mala gestión de los políticos. Pero eso lo dicen ahora, cuando las vacas son flacas…

¿Qué va a pasar a los valencianos, alicantinos y castellonenses sin su Canal 9 y Radio 9? Creo que nada especial. Como todo en este mundo efímero de la noticia, se olvidará en poco tiempo. Nada hay más voluble que un televidente, desde que se inventó el “zapping”.

lunes, 12 de agosto de 2013

Desde mi higuera (34)

Desde que estalló "el conflicto" de Gibraltar, una vieja serpiente del Lago Ness que despierta de cuando en cuando a conveniencia, los medios de comunicación no hablan de otra cosa. Parece que Bárcenas y sus rollos (que eran primera plana a diario) han perdido interés y actualidad.

El periodismo de actualidad es un engañabobos y los periodistas unos cómicos de la farsa. Todo vale para mantener a las audiencias en tensión. ¿Será que vivimos en un país de papanatas?

¿Es que alguien tenía dudas de que la política tiene una cara oculta, sucia? Hable o no se hable de ello hay siempre una contabilidad B en todos los partidos. Es axiomático. Y tan vieja como el andar a pie. Hace no mucho tiempo circuló una fotocopia de la última nómina que cobró el Generalísimo Franco. No recuerdo la cifra exacta, pero creo recordar que rondaba las 150.000 pesetas de 1975. Serían para gastos personales secretos, porque todo lo demás le salía gratis. ¿O no?

Si es usted aficionado a la lectura, léase una buena historia de la Grecia antigua de hace 2.500 años. La de Struve, por ejemplo. Es un excelente antídoto contra la fe en los políticos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Desde mi higuera (31)

Ha sido un verano tan caluroso que me apetecía poco venir a sentarme a la sombra de la higuera. La sombra de la higuera no es fresca los días calmos en los que el mercurio del termómetro hierve. Tampoco me he asomado en demasía al mundo exterior para ver qué pasaba. Pero la semana pasada estuve en París. No se hablaba de otra cosa que de los rifi-rafes de los integristas musulmanes por una película norteamericana que hace burla de la figura del Profeta y varias viñetas alusivas, publicadas en periódicos franceses y alemanes. Con muertos de por medio, eso es lo triste.

Hace ya muchos años que vivimos una dura confrontación entre el radicalismo islámico y el mundo occidental (no me atrevo a hablar de civilización occidental). No es que en Occidente no haya también radicalismos religiosos cristianos y de otros signos dispuestos a armarla si su idea de lo sagrado es manoseada. Para no ir muy lejos, recordemos las algaradas que se formaron en la católica España cuando se estrenó la película de Mel Gibson sobre la vida de Cristo.

Me parece que no exagero si digo que la sociedad occidental es marcadamente laica y se la trae al fresco Cristo, Mahoma, Buda, etc. y los conceptos y preceptos religiosos que sus seguidores han ido elaborando a lo largo del tiempo (la historia de las religiones es un coto al que acceden pocos estudiosos, muy revelador de cómo se han ido construyendo las religiones). La filosofía contemporánea predominante es el braguetazo, el pelotazo (sea de la índole que fuere), el hedonismo, el culto a los placeres sensibles...

Frente a esa manera occidental de concebir la vida está la postura medieval musulmana, dominada por un feudalismo religioso inapelable, preceptivo, rígido, en constante pugna con la modernidad circundante. Vista con desapasionamiento, la situación actual del Islam me recuerda la de la Iglesia Católica medieval, igualmente integrista y con eficaces brazos armados como el de la Santa Inquisición. Aquella Iglesia feudal y preceptiva fue cambiando adaptándose a los tiempos para no perder poder temporal sino todo lo contrario. Porque, como dice la sabiduría popular, "una cosa es predicar y otra dar trigo...". En el siglo XXI la curia romana con el Papa a la cabeza sigue ejerciendo gran poder sobre las conciencias de millones de cristianos, pero cada vez son menos millones y si el sistema se ha de mantener y perpetuar no hay más remedio que contemporizar. Y tratar de escurrir el bulto cuando salta al escenario algún escándalo de bragueta o cualquier otro tipo de corrupción. Si las cosas siguen como van, con tal penuria de vocaciones religiosas, no tardaremos en ver casados a los curas. Al fin y al cabo no hay nada en las Escrituras que lo prohiba. Son las normas canónicas establecidas por el machismo eclesiástico las que lo prohiben. A los protestantes no parece que les vaya mal.

Pero, volviendo al asunto del islamismo, es posible que sean necesarios varios siglos para que se produza esa adaptación a "nuevos tiempos" que ha ido viviendo el cristianismo. El "quid" de la cuestión es si habrá tiempo para eso. Porque la intolerancia y la violencia están a flor de piel y no sería de extrañar que la próxima conflagación mundial fuera una cruzada al estilo medieval, pero con bombas atómicas.

lunes, 16 de julio de 2012

Desde mi higuera (30)


“¡Que se jodan…!”, dijo la impresentable diputada del PP Andrea Fabra (digno miembro de una conocida saga de triperos de la política) cuando el cabestro de su partido anunció los nuevos recortes, en particular los de las prestaciones por desempleo. ¡Que se jodan los parados! Los parados, que como indican todas las encuestas oficiales y privadas, son la primera preocupación de los ciudadanos españoles. ¡Viva la política, los políticos y políticas y el coño de la Bernarda! Le faltó tiempo a otro siniestro personaje pepero, la Cospedal, para salir en su defensa y justificación. Si uno sigue con detenimiento la sarta de argumentos cospedaleros, aplicando la propiedad transitiva, al final resulta que la culpa del exabrupto la tienen sencillamente los parados. Si desaparecieran los parados…

También me ha llamado la atención otro argumento de esta gran virtuosa del cinismo: si se expedientara a la Fabra habría que expedientar también a medio Parlamento. ¡Ostras! Así van las cosas.

La corrupción y el choriceo llegan también a la política aldeana (¿o comienza allí?). En un pueblo no muy lejos del mío, Oliva, TODOS los concejales, y al decir todos quiero decir también los de su propio partido el PP, acaban de echar a la alcaldesa mediante una moción de censura. Imagínense cómo será la angelita. Lo bueno del caso es que ella se defiende, además de proclamándose la única culta del consistorio por el hecho de ser maestra de escuela, diciendo que ha sufrido un golpe de estado. Pero lo mejor es que acto seguido de la defenestración los órganos provinciales del PP le han buscado un despachito para asegurarle el jornal y que pueda seguir jodiendo la marrana impunemente.

Esta misma mañana, en la tertulia mañanera de un grupo de jubilados de la que formo parte, alguien comentó que la crisis no acabará hasta que desaparezcan todos los chorizos (no los de comer sino los otros, los de dos patas). Sabia sentencia. Lo malo es que vivimos en una democracia que prima el choriceo y uno ya empieza a dudar si habrá alguna otra que no sea así.

viernes, 9 de marzo de 2012

Desde mi higuera (28)


Por fin el tiempo ha mejorado. Los fríos de semanas anteriores han dejado paso a un clima más benigno, a días soleados en los que apetece de nuevo venir a sentarse bajo la higuera. Y lo hago mientras me ronronea por la cabeza la polémica que se ha levantado tras hacerse público un informe de la RAE sobre lenguaje sexista (http://noticias.universia.es/en-portada/noticia/2012/03/08/916215/rae-contra-lenguaje-no-sexista.html), un informe con el que estoy de acuerdo totalmente. El problema es que, en general, el español se habla mal, cada vez peor y por eso surge la polémica.

Nunca he sido partidario de los autoritarismos, y en esto del lenguaje la RAE no “hace” el idioma, sino que lo cuida. El idioma lo hace la gente que lo usa para comunicarse, y mientras pueda comunicarse el idioma es válido. La RAE ya se encargará de analizar los cambios y las adiciones necesarias para que la lengua evolucione.

Pero, ¿qué sucede cuando en el habla común alteramos los pilares gramaticales que constituyen el espinazo del idioma? Sencillamente, que hablamos mal. No es un problema de la lengua sino de quien la usa. Y en eso estamos asistiendo cotidianamente a verdaderas defenestraciones del lenguaje correcto porque la educación  y los conocimientos de la lengua española, que se aprenden en la calle pero también en la escuela, cada día son más pobretones. En realidad en la escuela, tan moderna, se enseña o se aprende poca gramática.

Cuando el lenguaje se empobrece es fácilmente colonizado por préstamos de otras lenguas e invenciones que hacen fortuna gracias a los medios de comunicación, renovando constantemente una especie de lenguaje “cheli” que sustituye palabras y expresiones correctas por otras que no lo son pero que su uso da al usuario cierto aire de moderno, de estar al día, de “estar al loro”, diría el cheli ya un tanto trasnochado. Y la RAE está en su perfecto derecho de advertir a la sociedad que se está pasando de la raya, aunque no mandará a los civiles a que laven la lengua con salfumant a los usuarios recalcitrantes.

Es un hecho que el vocabulario habitual se está empobreciendo gracias a la telebasura, la radiobasura y la prensabasura, en manos de unos negados (salvo honrosas excepciones) que tratan a batacazos la lengua española y todos les reímos las gracias. Se podría aplicar la copla a otras lenguas de España y, probablemente, del extranjero, pero el tema va aquí del español.

Y encima está ahora la polémica de si el español es sexista o no. ¡Vaya gilipollez! Hace años, cuando estaba en su mayor efervescencia el feminismo, me sucedió una anécdota. Dictaba yo una conferencia sobre un tema de Prehistoria y, a lo largo del discurso, empleaba expresiones como: “El descubrimiento del fuego fue uno de los primeros grandes logros del hombre”. Al terminar la conferencia, en el coloquio que se suscitó, una señora de buen ver me hizo observar (en realidad se quejaba) que no había usando en ninguna ocasión la palabra mujer. Si es que en la Prehistoria no había mujeres… Amablemente le respondí que sí debía haberlas porque la humanidad creció multiplicándose de la forma habitual que conocemos. Pero que, en cualquier caso, era evidente que yo había utilizado el término hombre como sinónimo de ser humano, categoría que incluye obviamente a las mujeres, dando por supuesto que todo mi auditorio lo entendería así. Dejando aparte el ramalazo reivindicativo sexista, mi interpelante parecía haber olvidado que la palabra hombre tiene otros significados además del de macho de la especie, según el contexto en el que se use el vocablo.

Pues así siguen las cosas.

viernes, 13 de enero de 2012

Desde mi higuera (27)

Hasta hace no muchos años se decía por Europa que el españolito medio era un señor bajito, moreno y constantemente cabreado porque pensaba que follaba poco y mal en comparación con los europeos. Este clisé ha cambiado pero el cabreo de ellos y ellas se ha incrementado notablemente en las últimas semanas tras el fiasco que ha resultado de las pasadas elecciones generales. El oro y el moro que nos prometían los que resultaron ganadores ha quedado sólo en el moro (que lo hay, y mucho, en nuestras calles, dicho sea sin el menor atisbo de xenofobia). El oro nos lo están arrebatando de nuestros magros bolsillos a base de desdecirse de lo dicho en campaña, subirnos los impuestos, congelar y vituperar a los pobres funcionarios de carrera (que se han convertido en moradores de un gheto constantemente amenazado con refinamiento nazi) y otras lindezas. Pero de bajarse drásticamente el sueldo y las prebendas los políticos, de eso nada. Nuestra clase política no tiene la menor vergüenza, manden tirios o troyanos. Además, el querido y esperado Rajoy nos tendrá que explicar “para que le entendamos” (muletilla que usa con frecuencia), cómo hacer para, al mismo tiempo, apretarnos el cinturón y bajarnos los pantalones, una idea que ha circulado recientemente en un correo ampliamente distribuido.

Nada de todo esto me viene de nuevas. Ya lo sugerí en alguna otra ocasión. Era y soy perfectamente consciente de que los gastos faraónicos de las políticas anteriores había que pagarlos con dinero del bolsillo de los españoles. No hay otra fuente de ingresos. ¿Quiere usted olimpiadas?, págueselas. ¿Quiere usted aeropuertos sin vuelos ni aviones?, págueselos. Y así un largo etcétera… Pero págueselos no por lo que valen sino por lo que costaron, que suele ser unas tres veces más que su valor real. Y los que no quieran olimpiadas ni aeropuertos vacíos ni puertos deportivos ni más circuitos de Fórmula 1 que se fastidien y paguen, que el bien común lo exige.

Y mientras tanto, van saltando a la prensa los casos judiciales de los sinvergüenzas que, amparados en su estatus político o de la entrepierna, han estado robando a manos llenas dinero público, es decir, dinero de usted y mío que previamente nos habían detraído legalmente para “hacer grande la patria”. Son sólo la punta del iceberg. La inmensa mayoría está oculta y probablemente así seguirá.

Van a reformar la Constitución Española. Ya verán como, a la vista de que los resortes judiciales actuales todavía permiten meter mano a los políticos que se dejan cazar, de la reforma salen más protegidos y encastillados para poder seguir pastando en un monte que, para ellos, será todo de orégano. Y si no, al tiempo...

jueves, 22 de diciembre de 2011

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Desde mi higuera (25)


La ingeniería financiera está de moda con tantos casos sub judice o ya juzgados (con sentencia condenatoria) de los últimos años, desde que el conocido “ingeniero” Mario Conde fuera investido con el Doctorado Honoris Causa por la Complutense de Madrid a finales de los años 80 del siglo pasado. ¡Vaya metida de pata y vaya desprestigio para tal honor y para la Universidad que lo otorgó! Pero no cabe duda que el “ingeniero”, guapito de cara, es un tipo listo y sabe sacar leche de un botijo: en los años de cárcel para penar sus delitos ha colocado en la industria editorial varios best seller, cuyas ganancias está disfrutando rotatoriamente en sus fincas multimillonarias. Y es que, en el fondo, todos llevamos dentro un “ingeniero” esperando la oportunidad de hacer de Conde y nos apasiona conocer sus trucos.

Otro caso de “ingeniería” con proceso judicial en ciernes lo está protagonizando estos días el Excelentísimo Señor Iñaki Urdangarín, diestro en el pelotazo tras sus muchos años de balonmanista. La Justicia se encargará de aclarar sus cuentas y sancionarlas como sea de justicia. Mientras tanto ya no comerá de gorra en los actos oficiales, aunque maldita la falta que le hace con los millones que dicen que ha afanado.
Y es que la Casa Real, sea dicho con todo respeto hacia la institución, no ha tenido suerte con los yernos. Uno echa en falta aquí a alguien como la vieja Reina Federica de Grecia (la madre de nuestra reina Sofía), que era el bicho que picó al tren. Ella no se hubiera dejado seducir por braguetazos y hubiera llevado a sus nietas más tiesas que un huso, como llevó a su hija hasta que pronunció el “Si, quiero”. Claro, que con ella tampoco tendríamos en la Casa Real a una plebeya que, dicho sea de paso, me parece una mujer íntegra y buena esposa, que aporta sangre limpia y roja a la deteriorada sangre azul.

Y ya, para cerrar el trío, debo mencionar a ese extraordinario “ingeniero” que es Ruiz Mateo, el reincidente. No encuentro palabras para calificar su sinvergonzonería superlativa.

En el fondo, lo que se trasluce de estos trabajos de “ingeniería” es que el sistema financiero tiene agujeros por los que colar fondos hacia los bolsillos particulares. Yo, que tiendo a ser malpensado, creo que son agujeros hechos a propósito y convenientemente camuflados. El fallo de los “ingenieros” está en no calcular adecuadamente la sección del agujero e intentar hacer pasar por él demasiado caudal, lo cual provoca inundaciones visibles. Porque, por lo demás, como decía mi madre, con paciencia y saliva se folló el elefante a la hormiga…

sábado, 3 de diciembre de 2011

Desde mi higuera (24)


Esta tarde me he puesto perdido por la lluvia. Estaba tranquilamente sentado bajo las desnudas ramas de la higuera, removiendo con una caña la hojarasca para ver la intensa vida que anida bajo las hojas secas cuando el sol ha sido ocultado tras negros nubarrones y, sin darme apenas tiempo para buscar cobijo, se ha puesto a llover.

De pronto he caído en la cuenta que la próxima semana es semana de puentes, sobre todo para la miríada de funcionarios que organizan con precisión de relojero sus “moscosos” (¿estará en la cárcel su inventor, el exministro Moscoso?) para tener más vacaciones que nadie. Pero, mala cosa si el tiempo se tuerce.
Junto a las nefastas noticias del paro, los recortes económicos y otras lindezas, nos cuelan que para esta semana que entra se esperan no sé cuántos millones de desplazamientos en automóvil, y que la Guardia Civil ya tiene preparadas las operaciones de salida y retorno para ver si hay suerte y se mata menos gente por las carreteras que el año pasado por estas mismas fechas. ¡Ah, las estadísticas! ¡Cuántos misterios encierran! ¿Pero, no habíamos quedado en que estamos hasta el cuello? Serán, sin duda, sólo los cinco millones de parados que, total, sólo representan cuatro o cinco millones de hogares. Los demás (quizás no todos) pueden permitirse el capricho de darse un garbeo para ahogar en vino la angustia de tener trabajo todos los días.

Turismo interior… Sí, ya sé que no genera riqueza. Que es como cambiarse el dinero de bolsillo para el Estado, cuyo único beneficio en este caso son los impuestos directos que el consumo genera. Pero ayuda a los hosteleros a hacerse la ilusión de que entra “cash” fresco y, como dicen, al menos cubren gastos y mantienen abiertos sus establecimientos. Pero saben en el fondo que el turismo interior es un “bluff”, un engaño económico. El dinero que verdaderamente hace hervir la olla es el que llega de fuera, del extranjero. Ése sí que suma. Porque el de dentro sólo se desplaza cambiando de manos. Y, en cuanto te descuidas, se arma otra burbuja…

lunes, 21 de noviembre de 2011

Desde mi higuera (23)


Ayer los españoles que ejercieron su derecho al voto decidieron mayoritariamente que había que dar un giro a la derecha de la política gubernativa. El resultado era previsible. España va mal, las cosas van mal y los políticos son la casta más desprestigiada del momento, con un desprestigio ganado a pulso día a día con sus escándalos, negaciones y silencios. La elección no era sencilla, pero la mayoría del electorado mueve su voto no por los colores políticos sino por las necesidades de su entorno inmediato. Muchos se habrán dicho: “Los que mandan no nos sacan de apuros. Veamos si otros lo hacen”. La democracia occidental se ha convertido en un sistema de “trial and error”, en un “veamos si ahora funciona”. Lo que probablemente ignora (o de lo que no es consciente) la mayoría de votantes es que la solución de los grandes problemas de la crisis no va a depender de la voluntad política española. España tiene pocos medios para producir riqueza: nuestro sector primario (industria, agricultura, pesca) es escaso y el terciario (turismo y anejos), que es la tajada del león del PIB, es muy volátil, especialmente en tiempos de crisis.
Ciertamente, el engrosamiento de la deuda es en gran medida consecuencia de medidas políticas internas dictadas en tiempos de bonanza y con poca previsión de futuro. Una de nuestras desgracias políticas es la miopía de nuestros próceres, que no ven más allá de la legislatura en la que les toca oficiar, lo cual da pocas opciones para políticas de largo alcance. Otra cosa son las coplas que nos cantan, porque, como dice la sabiduría popular, una cosa es predicar y otra dar trigo. Los nuestros se suelen quedar más en las prédicas y apelan a la esperanza.
Mientras tanto, la banca internacional se frota las manos desde hace tiempo porque ha encontrado la forma de ganar dinero gestionando la deuda de países como el nuestro a unos intereses de usura. Poco importa quien haya ganado estas elecciones: de apretarnos el cinturón no nos vamos a librar mientras no cambie el ciclo económico y las bases en las que se asienta, un asunto en el que España, tristemente, no pinta nada. La cosa es tan vieja como la Biblia: vacas gordas y vacas flacas…

jueves, 5 de mayo de 2011

Desde mi higuera (20)

Dicen los norteamericanos que han matado a Bin Laden. Si es así, un canalla menos sobre la faz de la tierra. Pero el suceso tiene todo menos transparencia, de ahí que se hayan levantado muchas voces reclamando una claridad que los organismos oficiales norteamericanos no están dispuestos a proporcionar y otras apuntando ciertas ilegalidades de la acción que lesionan el Derecho Internacional.

Uno, que es perro viejo y desconfía del altruismo de las políticas y las acciones internacionales, no puede quitarse de la cabeza que el suceso ocurre en un momento en el que Obama se encontraba acorralado, perdiendo popularidad a manos llenas ante sus votantes y con el escándalo de la prisión de Guantánamo (que había prometido cerrar) estallándole en la cara. La sociedad norteamericana, simplona donde las haya, con la eliminación de su enemigo público nº 1 adecuadamente orquestada por la CIA ante los medios de comunicación, consagra de nuevo a su líder en el altar de la popularidad y mira a otro lado en el asunto de Guantánamo. Bueno, allá ellos.

Lo que me preocupó del primer discurso de Obama al dar oficialmente la noticia de la muerte de Bin Laden fue una frase que no recuerdo literalmente pero cuya idea venía a ser: Los EE.UU. tienen libertad de acción en cualquier parte del mundo para defender sus intereses. Y eso me recordó la tristemente célebre Doctrina Monroe de 1823 que se resumía, entonces, en “América para los americanos”, luego en “América para los norteamericanos” y ahora en “El mundo para los norteamericanos”, justificando así su intervención allí donde ve lesionados sus intereses.

En política, desde mucho antes de que Maquiavelo lo pusiera en solfa, el fin justifica los medios. Así de claro y de sencillo, aunque almas cándidas como la mía no consigan tragarse ese sapo.

jueves, 14 de abril de 2011

Desde mi higuera (19)

Acabo de regresar de Roma. La Ciudad Eterna está tomada por miríadas de adolescentes de caras granujientas y calzones a media anca, que graznan todas las lenguas imaginables con evidente predominio del slang yanqui. Imposible pasear por los foros con cierta tranquilidad y sosiego. Aquellas venerables ruinas que invitan a la meditación sobre la levedad del ser y en las que antaño uno podía encontrarse con el eco de la arenga de Cicerón contra el malvado Catilina (Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?...); aquellas nobles inscripciones epigráficas ante las que uno revitalizaba su oxidado latín clásico, ahora son pasto del trote juvenil, parejitas que pasan sin ver, entretenidas solamente en mirarse arrobadas, con ojos de cordero degollado, por los efluvios venéreos. La Vía Sacra calla: ha visto tanta necedad hollar sus enormes adoquines a lo largo de más de dos mil años que debe estar ya de vuelta de todo.

Sólo los pinos del Palatino parecen ajenos a todo y mecen sus serenas siluetas mientras cae la tarde…

martes, 5 de abril de 2011

Desde mi higuera (18)

La comedia de la política española ha entrado en un nuevo lance tras el anuncio del presidente Zapatero de no ser candidato en las próximas elecciones generales. Como en las tragedias griegas, el coro de la oposición grita desaforadamente: “¡Que se vaya, que se vaya!”. Bueno, eso ya lo decían antes, pero ahora lo dicen más alto si cabe.
Estoy habituado a escuchar en las Cortes y en el Senado, según los reportajes que transmite TVE, argumentos con el calado de una barquilla de agua dulce. Después no tengo fuerza moral para amonestar a mis sobrinos, estudiantes de bachillerato, cuando dicen las simplezas que dicen. Siempre pienso: “Al menos valdrán para políticos”.
Confundir el culo con las cuatro témporas de año (en fino se diría confundir la gimnasia con la magnesia) parece habitual en nuestros próceres del PP, con tal de joder a sus oponentes. Los contrarios no lo hacen mejor, pero ante tales argumentaciones es más sencillo contra-argumentar. Ahora, los cerebros de actividad casi plana interpretan el anuncio de Zapatero como la evidencia inapelable de que no vale para presidente y de que ni los suyos le quieren. Como si uno, por el hecho de llegar a presidente, debiera morir con las botas puestas y en olor de multitud. Como si las elecciones anticipadas fueran otra cosa que un asalto al poder para cambiar de poltrona quienes ya están instalados y viven (¡y cómo viven!) de la política.
España, país de quijotes, de santos, de soldados y de aficionados a la contemplación de espectáculos deportivos (lo de los toros va de capa caída, para solaz de los antitaurinos) está siempre en contra, por definición, de la Autoridad, en particular cuando vienen mal dadas. Zapatero es el diablo en persona, dicen.
Yo no sé si el Gobierno es culpable de lo mal que van las cosas. Algo de imbecilismo sí hubo al principio de la “no crisis”, aunque más por miopía o por miedo a la impopularidad que porque se pudiera hacer algo positivo para evitarlo. Pero yo creo que no es culpable. Al menos no de las cosas que dependen de la gran economía mundial, que son, directa o indirectamente, el 90% de nuestros problemas. En tiempos de recesión económica un país como el nuestro, siempre subsidiario y a remolque de las economías más fuertes a las que sirve, está a merced de vaivenes ante los que nada puede hacer salvo apretarse el cinturón y tomar pastillas contra el mareo. Pero no significa lo mismo apretarse el cinturón para unos que para otros; como tampoco es lo mismo mandarlo que hacerlo. Y eso es lo triste.
Desde hace mucho tiempo todas las medidas legislativas serias impuestas vienen dictadas desde fuera, desde la Comunidad Europea. Y eso no cambiará mande quien mande en el país. Y todas son impopulares. ¿Cambiará de nombre el PP en la próxima legislatura si gana las elecciones?

domingo, 20 de febrero de 2011

Desde mi higuera (17)

Llevan ya transcurridos casi dos meses de un 2011 que nació envejecido, corroído por una crisis que parece interminable. “Y lo que te rondaré, morena…”, dice el saber popular. Viajar en el vagón de cola del convoy europeo hace que el traqueteo y las sacudidas sean más acusadas. Si lo sabré yo que me he pasado media vida viajando en "tercera" y la otra media en "turista", que es su equivalente modernizado.

Pero lo que me ha dado tema para esta entrada ha sido una conversación escuchada inevitablemente hace un par de días durante el entreacto de un concierto en el Palau de la Música de Valencia. Barenboim acababa de interpretar magistralmente el Segundo Concierto para piano y orquesta de Liszt y en nuestro grupo de contertulios se comentaban distintos aspectos de la música escuchada poco antes. Justo al lado, cuatro mujeres ya maduritas, luciendo pieles y abalorios de precio, cotorreaban en un tono de voz nada susurrante su enorme preocupación ante el rumor de que el Gobierno fuera a dejar de subvencionar los colegios concertados, y se referían al nada halagüeño futuro de un colegio católico en concreto (no recuerdo su nombre). Para ellas no había duda de que se trataba de un ataque frontal y diabólico contra la Iglesia Católica y sus principios o, lo que era lo mismo, contra los principios básicos de la sociedad española. Se me quedó bailoteando en la cabeza una frase lapidaria: “Si éstos siguen algún tiempo más en el Gobierno, van a acabar con todo. Recemos para que acabe pronto tanta persecución”.

Tentado estuve de irrumpir en su conversación para decirles que, en mi opinión, y en época de crisis, subvencionar colegios privados era una galantería que quizás fuera necesario suprimir por mor de otras urgencias realmente perentorias. No estoy en contra de la existencia de colegios privados, siempre que sus enseñanzas no colisionen frontalmente con los sistemas de valores socialmente acordados para una convivencia pacífica. En cuestiones de conciencia, allá cada cual. Pero pretender que el erario público de un país confesionalmente laico subvencione las enseñanzas religiosas me parece, como poco, cuestionable. Es responsabilidad de cada confesión religiosa afrontar el esfuerzo necesario para mantenerse y progresar, a expensas de sus propios correligionarios no de la ubre del Estado. La religión nunca ha sido una asignatura gratuita (aunque durante mucho tiempo fue obligatoria la Católica) y su coste no debe asumirlo toda la comunidad indiscriminadamente.

Pocas confesiones religiosas cuentan con una infraestructura tan compleja y rica en medios como la católica. No en vano sus iglesias se cuentan entre los edificios más visibles de nuestros pueblos y ciudades. Es en ellos y no en los colegios donde debe ejercerse su sagrada misión de evangelizar y ganar adeptos para sus cada vez más menguantes feligresías. Algo anda (huele) mal en ese tinglado y echarle la culpa al Estado es hacer como el avestruz. Hasta es posible que la culpa sea de la televisión...