Me ha llegado por dos conductos diferentes la invitación a escribir en ocho sentencias otros tantos rasgos característicos de mi persona para que así mis cuatro lectores tengan algunos datos más sobre cómo es el Yayo Salva. Aunque soy bastante refractario a seguir cadenas de memes, viniendo la invitación de Dalia, una joven colega cuyas sabrosas anécdotas no deberíais dejar de leer, y Té la mà maria (en calatán, "Tiene la mano María", ¡malpensados! ¡Jejeje...!), un blog "binario" ácrata, críptico y polifacético, no puedo declinarla.
1.- Nací un 19 de septiembre hacia las 12 del mediodía, en casa, como era costumbre entonces. Pesé más de 4 kg al nacer y he sido gordito casi toda mi vida, menos entre los 15 y 18 años, cuando di el estirón y ahora, que ciertos achaques me han obligado a recuperar y guardar la línea. Contaba mi madre que al poco de nacer ya estaba pidiendo teta: toda una declaración de intenciones.
2.- Siempre fui buen estudiante, no tanto por gusto como por necesidad. Mi familia era muy modesta y la única manera de poder estudiar el bachillerato y una carrera universitaria era mediante becas y ayudas oficiales, para lo cual necesitaba un buen expediente académico. Con el tiempo le tomé gusto a la cosa, y ya véis... Soy un vehemente defensor de la enseñanza pública.
3.- Pero no creáis que me dediqué sólo a los libros. ¡Qué va...! Nunca tuve fama de empollón. Siempre me ha gustado compartir tiempo y situaciones con las amistades, cada cosa en su momento. Por ejemplo, de joven me encantaba bailar y me sigue gustando mover el esqueleto. Los últimos bailes que aprendí fueron la bossa-nova, el limbo-rock y la yenka. Ahí me retiré. No me gustan los bailes discotequeros, pero todavía disfruto bailando "agarrao" un buen slow o un bolero e incluso (con moderación) un rock clásico o un twist. También soy un forofo de la música, pero eso creo que ya lo sabéis porque de cuando en cuando os castigo con algún fragmento en alguna entrada.
4.- Mi mayor contradicción es intentar ser ordenado sin conseguirlo nunca. Ni mi despacho ni mi estudio causan buena impresión, de entrada. Pero en ese aparente caos hay una cierta lógica que me permite encontrar las cosas. Yo mismo estoy perennemente a disgusto con la situación, pero...
5.- En mi ya larga vida hay pocas cosas y pocas personas que me hayan decepcionado por completo. Dos de ellas son la política y los políticos. Siempre trato de encontrar explicación a esas acciones decepcionantes y, aunque no las encuentre justificables desde mi punto de vista, al menos trato de comprender por qué han sucedido. Aunque quizá no sirva ya para nada.
6.- No soy en exceso previsor. Puestos a elegir entre la cigarra y la hormiga, me quedaría con un híbrido de ambas. Y, desde luego, en vacaciones soy cigarra total. Hace muchos años leí en el prólogo de una novela de Giovanni Guareschi algo así: "Yo nunca me he arrepentido de dejar para mañana lo que hubiera podido hacer hoy". Se me quedó grabada la idea, pero no he sido capaz de ponerla en práctica totalmente. Tampoco aquello de "por la mañana no hago nada y por la tarde lo paso a limpio".
7.- Me revienta la nouveau cuisine. Me parece un timo para anoréxicos/as. Tampoco soporto el fast food. No me gustan la pizza ni la pasta fuera de Italia (y no en todos los restaurantes de allá; la pizza sólo en Nápoles). Prefiero los guisos caseros.
8.- Soy hombre de un sólo amor desde mis 19 años, y aunque ella ya se fue, algo suyo se quedó conmigo, lo suficiente para seguir tirando del carro de la vida.
No quiero pasarle a nadie el compromiso de adherirse a la idea de escribir un meme de este tipo, pero si alguno de los lectores se anima a ello, pues adelante.
martes, 26 de junio de 2007
viernes, 22 de junio de 2007
Solsticio de verano y Noche de San Juan

Los solsticios han sido desde la más remota antigüedad fiestas señaladas en el calendario solar. En nuestro calendario actual el solsticio de verano es el 21 de junio pero eso importa poco. Lo importante es que ese día el sol está más horas luciendo que en ningún otro (en el hemisferio norte). Y, a la recíproca, es la noche más corta.
Sin duda fueron los pueblos agrarios primitivos, tan pendientes (y dependientes) de las estaciones para asegurarses las cosechas, quienes descubrieron los ciclos repetitivos del calendario solar. El lugar sagrado de Stonehenge, en el sur de Inglaterra, es probablemente uno de los centros de culto druídico más antiguos que conocemos (se remonta a unos 4600 años atrás) y su colosal arquitectura megalítica es un complejo y preciso reloj solar.
En la mitología druídica la noche de ese día especial era una noche de magia y encantamiento. Se encendían grandes hogueras para comunicar su energía al Sol, se celebraban rituales de culto solar y se ejecutaban sortilegios para hacer propicia la voluntad de las divinidades en todos los ámbitos de la vida. Pero no sólo en el Viejo Mundo se festejaban los solsticios; también en el Nuevo hay ancestrales tradiciones en ese sentido.
En la antigua Roma el solsticio de verano coincidía con las fiestas de Apolo y, cuando arraigó el Cristianismo, había que cristianizarlas. Y la festividad de San Juan Bautista se encargó de ello. Si la memoria no me falla, es el único santo y mártir cuya fiesta se celebra el día de su nacimiento, no el de su muerte (aunque también se recuerda el día de su degollación, creo que a finales de agosto). Pero, ¿qué sabemos de esa fecha, la de su nacimiento?
Aunque todos los evangelistas glosan aspectos de la figura del Bautista en sus textos, sólo Lucas narra las circunstancias milagrosas de su nacimiento (Lc 1). Dice Lucas que Isabel, la madre de Juan, estaba embarazada de seis meses cuando fue a visitarla la Virgen, su prima, para comunicarle a su vez la Anunciación de Jesús (Lc 1, 36), y es en esa visita cuando la Virgen recita ese bellísimo, inspirado y grandioso texto que es el Magnificat (Lc 1, 46-55). María permaneció "como unos tres meses" junto a Isabel (Lc 1, 56) y regresó a su casa, por tanto, poco antes del parto. Hagamos cuentas: si aceptamos que el nacimiento de Jesús fue un 24-25 de diciembre, la Anunciación debió ser a finales de marzo; en esa fecha Isabel estaba en su sexto mes de embarazo y pariría, por tanto, a finales del junio. Hecho así el cómputo, la fecha del 24 de junio resulta conveniente y no queda lejos del solsticio de verano, que es el 21-22 de junio.
Nada nos dicen los textos sagrados sobre la vida de San Juan antes de inicar su actividad pública bautizando en las aguas del Jordán. Ni siquiera se sabe dónde nació. El evangelista nos da como único dato, con motivo del viaje de la Virgen, que "... fue a la montaña, a una ciudad de Judá" (Lc 1, 39). Ello no es óbice para que en el arte religioso se represente en ocasiones un San Juan adolescente o incluso niño (San Juanito) desde avanzado el Renacimiento y sobre todo en el Barroco. Pero sus atributos son siempre los del San Juan adulto. En Hispanoamérica ha arraigado en muchos puntos la devoción a San Juanito.

La noche de San Juan se celebra en casi todos los lugares cristianizados con hogueras. Hay quienes piensan que es en recuerdo de la acción de Zacarías, su padre, que encendió fogatas para dar a conocer a los vecinos el feliz nacimiento del Bautista. Pero nada de ello dicen los evangelios. Me temo que es un esfuerzo por cristianizar el cúmulo de tradiciones ancestrales de las fiestas paganas que han ido confluyendo en esa noche mágica. Porque en la noche de San Juan, dicen los creyentes, se rompen las ataduras de lo ignoto, de lo subterráneo y los espíritus malignos se materializan. El momento crítico son las 12 de la noche, cuando termina el 23 y comienza el 24 de junio. Entonces, mientras suenan las doce campanadas, uno puede invocarlos y pedirles un deseo.
La tradición pagana y la cristiana discurren prácticamente en paralelo, aunque con algunos préstamos mutuos. Del paganismo ha tomado la noche de San Juan el fuego, la hoguera. Asimismo, el culto pagano ha incorporado a sus divinidades telúricas la idea cristiana del Demonio. Sin embargo el bueno de San Juan es sólo un convidado de piedra, el simple señalador de un hito, de una fecha, sin que juegue ningún papel a invocar en ninguna de las dos tradiciones.
Que la magia de esa fecha os sea propicia..., (pero a ver qué pedís).
viernes, 15 de junio de 2007
En Aquileia y Grado (Italia)

Voy a estar ausente una semana de mi casa. Las obligaciones profesionales me llevan a una reunión en la región de Trieste (Italia), a dos hermosos pueblos (que todavía no conozco), Aquileia (declarado Patrimonio de la Humanidad), con un pasado arqueológico riquísimo que va desde época romana hasta medieval, y Grado, en una estrecha península que se adentra en el mar y que ofrece deliciosas playas al acalorado visitante.
Ya os contaré a mi regreso.
viernes, 8 de junio de 2007
El calentamiento global

El 5 de junio se ha celebrado el Día Mundial del Medio Ambiente. Un tema serio es el del discutido calentamiento global como consecuencia del cambio climático inducido por acciones antrópicas.
Reconozco que soy bastante escéptico sobre las causas del cambio que aducen los catastrofistas pero reconozco también que nunca hasta ahora la humanidad ha interactuado tanto con (contra) la Naturaleza, y las cañas pueden volverse lanzas. Pero desde que el mundo es mundo han acaecido muchos cambios climáticos drásticos: al menos cuatro importantes en el último millón de años que, sin duda, influyeron en el proceso de humanización de un grupo de homínidos. A un cambio climático se debe, por ejemplo, el poblamiento antiguo de América, hace entre 70.000 y 30.000 años en números redondos. Hace 35.000 años las tierras de la actual España disfrutaban todavía de un clima tropical en cuyos pastizales pastaban manadas de elefantes, rinocerontes, etc. Hace unos 10.000 años el desierto del Sahara era un vergel cuyos paisajes y animada fauna de sabana han quedado vívidamente representados en las pinturas y grabados rupestres de cuevas y abrigos habitados por los hombres prehistóricos en numerosos puntos de la enorme región sahariana.
En resumen, el cambio climático viene, imparable, de lejos, de cuando el ser humano todavía no había decidido erigirse en "rey de la Creación". ¿Que lo estamos ahora acelerando? Es posible, aunque soy poco proclive a creerme las soflamas agoreras.
Mientras tanto, las reuniones del G8, una risa...
PS. Siento no poder dar los créditos de la imagen que ilustra este texto. Me la envió por e-mail hace unos días un alumno.
lunes, 4 de junio de 2007
Las urnas milagreras
El pasado domingo 27 de mayo fueron las elecciones a las Alcaldías y Comunidades Autónomas españolas y pude darme el gustazo de ver cómo la izquierda moderada a la que me siento ideológicamente vinculado perdía estrepitosamente en Madrid, mi circunscripción. No podía ser de otro modo, con los impresentables que encabezaban las listas de elegibles. Y más gustazo aún cuando ambos "cabeza de serie" reconocían públicamente su fracaso y dimitían.
Pero lo más sorprendente es que, ¡oh milagro!, según sus líderes, todos los partidos que concurrieron a las urnas ganaron en estas elecciones. Recordé una vez más aquel dicho de un querido profesor de Geopolítica de mis años de bachillerato: "Hay tres clases de mentiras, por orden de gravedad creciente: las mentirijillas, las grandes mentiras y las estadísticas". El político siempre puede retorcer las estadísticas hasta encontrar el lado favorable a sus intereses y contentar a los papanatas. Lo cierto es que en Madrid el Partido Popular (PP) se alzó con una clara victoria.
Y ahora viene lo bueno. Comentábamos ayer en una terturlia de café una anécdota que circulaba, según la cual el portal de chueca.com se había visto saturado por un aluvión de "peperos victoriosos" lanzando mensajes amenazadores contra la comunidad homosexual. El asunto es tragicómico. De nuevo la turba vocinglera, al más puro estilo fascista (quizá los jóvenes ya no sepan qué es eso), daba rienda suelta a su homofobia aunque, desde luego, conocían esa URL que yo desconocía hasta hace unos minutos.
En mi inocencia, fiel creyente en la tolerancia, pensaba que esas fobias habían quedado confinadas en los reductos del catolicismo oficialista y carcamal. Quizá por eso me ha sorprendido esa explosión de intolerancia, de ser cierta. Claro que los líderes del PP, salvo honrosas excepciones, no dan precisamente lecciones de tolerancia en sus discursos. Otra cosa es lo que harán entre las bambalinas. Lo malo es que esas actitudes públicas llegan a calar en personas dispuestas a creérselo. Y luego pasa lo que pasa...
Pero lo más sorprendente es que, ¡oh milagro!, según sus líderes, todos los partidos que concurrieron a las urnas ganaron en estas elecciones. Recordé una vez más aquel dicho de un querido profesor de Geopolítica de mis años de bachillerato: "Hay tres clases de mentiras, por orden de gravedad creciente: las mentirijillas, las grandes mentiras y las estadísticas". El político siempre puede retorcer las estadísticas hasta encontrar el lado favorable a sus intereses y contentar a los papanatas. Lo cierto es que en Madrid el Partido Popular (PP) se alzó con una clara victoria.
Y ahora viene lo bueno. Comentábamos ayer en una terturlia de café una anécdota que circulaba, según la cual el portal de chueca.com se había visto saturado por un aluvión de "peperos victoriosos" lanzando mensajes amenazadores contra la comunidad homosexual. El asunto es tragicómico. De nuevo la turba vocinglera, al más puro estilo fascista (quizá los jóvenes ya no sepan qué es eso), daba rienda suelta a su homofobia aunque, desde luego, conocían esa URL que yo desconocía hasta hace unos minutos.
En mi inocencia, fiel creyente en la tolerancia, pensaba que esas fobias habían quedado confinadas en los reductos del catolicismo oficialista y carcamal. Quizá por eso me ha sorprendido esa explosión de intolerancia, de ser cierta. Claro que los líderes del PP, salvo honrosas excepciones, no dan precisamente lecciones de tolerancia en sus discursos. Otra cosa es lo que harán entre las bambalinas. Lo malo es que esas actitudes públicas llegan a calar en personas dispuestas a creérselo. Y luego pasa lo que pasa...
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martes, 29 de mayo de 2007
En torno a los Conciertos de Brandenburgo, de J.S. Bach
Hoy me he sentido especialmente sensibilizado para escuchar la integral de los Conciertos de Brandenburgo, BWV 1046 al 51. Son tan variados dentro de la unidad que forman, que su audición-lectura resulta refrescante, reparadora. Bach escogió minuciosamente los instrumentos solistas de cada uno de ellos para ensayar la mayor gama posible de recursos expresivos y de combinaciones de fuga y contrapunto. Había, por otra parte, que quedar bien ante el margrave (algo así como el marqués) de Brandenburgo, a quien se los dedica, y es bien sabido el desvelo del músico por impresionar con su arte y poder ganar unas perrillas con las que sacar adelante a su prolífica familia.
Los Brandenburger están construidos sobre la cuerda barroca clásica: dos violines, viola, violonchelo y bajo continuo. Con ella dialogarán, según en qué BWV, los oboes, los cornos, el fagot, la flauta, la viola da gamba y la trompeta. El autor exige a los solistas un cierto grado de virtuosismo aunque, en mi opinión, no un extraordinario virtuosismo como se dice a menudo en los folletos y críticas. Excepto en el trompetista.
Hace muchos años, debió ser en 1972 o 1973, la Orquesta Nacional de España (ONE) había invitado al trompetista francés Maurice André (un auténtico maestro del instrumento) para actuar como solista en un par de los Conciertos para trompeta de Torelli. Después del concierto fui a cenar, como era habitual, con un grupo de amigos, músicos valencianos de la ONE, y en esa ocasión nos acompañaba también Maurice André. No era infrecuente que algunos solistas invitados, especialmente instrumentistas de viento, se apuntaran a aquellas cenas-tertulias. En ellas se hablaba sobre todo de música, de la recién interpretada, de las anécdotas ocurridas durante el concierto que casi nunca llegan al público. Hablar de música desde el punto de vista del intérprete es bastante distinto a hacerlo desde el punto de vista del autor o del musicólogo o del crítico o simplemente de oyente. El intérprete es realmente quien desentraña hasta lo más profundo las intenciones del autor.
Hablábamos de la dificultad de algunos pasajes de los Conciertos de Torelli y Maurice nos confesó que hacía una "pequeña trampa" para salvar algunos intervalos particularmente dificultosos: había hecho añadir un cuarto pistón especial a la trompeta, que facilitaba las cosas. "Pero -nos dijo- ni aun con esa ayuda se pueden salvar bien las dificultades del Concierto de Brandenburgo nº 2. Es más que evidente que Bach no lo escribió para la trompeta sino contra el trompeta". Yo me permití recordarle una grabación suya que acaba de salir hacía poco con I Musici y que me parecía impecable. "¡Ufff...!" -dijo, sonriendo con una mueca muy expresiva. Interpreté que daba a entender que había sido muy trabajoso conseguir una buena grabación.
No tengo a mano aquellos vinilos pero para ilustrar esos pasajes "contra el trompeta" bien vale la grabación de Thomas Stevens con miembros de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles bajo la batuta de Pinchas Zukermann. Stevens, por cierto, resuelve con suficiencia esos trinos y arpegios infernales, aunque no puede evitar desafinar o trabarse ligeramente en alguno de ellos. Y es que Bach obliga a la trompeta a situarse constantemente en la octava más aguda mientras el resto de instrumentos solistas, la flauta, el violín y el oboe deambulan por tesituras cómodas.
Escuchad y lo comprobaréis.
Los Brandenburger están construidos sobre la cuerda barroca clásica: dos violines, viola, violonchelo y bajo continuo. Con ella dialogarán, según en qué BWV, los oboes, los cornos, el fagot, la flauta, la viola da gamba y la trompeta. El autor exige a los solistas un cierto grado de virtuosismo aunque, en mi opinión, no un extraordinario virtuosismo como se dice a menudo en los folletos y críticas. Excepto en el trompetista.
Hace muchos años, debió ser en 1972 o 1973, la Orquesta Nacional de España (ONE) había invitado al trompetista francés Maurice André (un auténtico maestro del instrumento) para actuar como solista en un par de los Conciertos para trompeta de Torelli. Después del concierto fui a cenar, como era habitual, con un grupo de amigos, músicos valencianos de la ONE, y en esa ocasión nos acompañaba también Maurice André. No era infrecuente que algunos solistas invitados, especialmente instrumentistas de viento, se apuntaran a aquellas cenas-tertulias. En ellas se hablaba sobre todo de música, de la recién interpretada, de las anécdotas ocurridas durante el concierto que casi nunca llegan al público. Hablar de música desde el punto de vista del intérprete es bastante distinto a hacerlo desde el punto de vista del autor o del musicólogo o del crítico o simplemente de oyente. El intérprete es realmente quien desentraña hasta lo más profundo las intenciones del autor.
Hablábamos de la dificultad de algunos pasajes de los Conciertos de Torelli y Maurice nos confesó que hacía una "pequeña trampa" para salvar algunos intervalos particularmente dificultosos: había hecho añadir un cuarto pistón especial a la trompeta, que facilitaba las cosas. "Pero -nos dijo- ni aun con esa ayuda se pueden salvar bien las dificultades del Concierto de Brandenburgo nº 2. Es más que evidente que Bach no lo escribió para la trompeta sino contra el trompeta". Yo me permití recordarle una grabación suya que acaba de salir hacía poco con I Musici y que me parecía impecable. "¡Ufff...!" -dijo, sonriendo con una mueca muy expresiva. Interpreté que daba a entender que había sido muy trabajoso conseguir una buena grabación.
No tengo a mano aquellos vinilos pero para ilustrar esos pasajes "contra el trompeta" bien vale la grabación de Thomas Stevens con miembros de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles bajo la batuta de Pinchas Zukermann. Stevens, por cierto, resuelve con suficiencia esos trinos y arpegios infernales, aunque no puede evitar desafinar o trabarse ligeramente en alguno de ellos. Y es que Bach obliga a la trompeta a situarse constantemente en la octava más aguda mientras el resto de instrumentos solistas, la flauta, el violín y el oboe deambulan por tesituras cómodas.
Escuchad y lo comprobaréis.
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lunes, 21 de mayo de 2007
La conjura de los necios

Los pasados días de forzosa inactividad por mi convalecencia he vuelto a releer por enésima vez La conjura de los necios, de J.K. Toole. No sorprende que su atormentado y joven autor se suicidara poco después de escribir la novela, cuya publicación como obra póstuma ganó el Pulitzer y le elevó al Olimpo de las letras norteamericanas. A buenas horas mangas verdes...
El personaje principal, Ignatius Reilly, es un goldinflón intelectualoide, masturbador infatigable, revolucionario a su manera, en guerra declarada contra todo el mundo y todas las ideologías y con ideas absolutamente peculiares sobre la decencia y buen gusto. A los 30 años se ve obligado a abandonar las sórdidas estancias en las que vive a cargo de su madre y salir a la calle a ganar algún dinero para subsistir. Es un choque brutal contra un sistema operado por "necios conjurados" contra él y contra todo lo que para él tiene algún sentido. Un mundo, como afirma en varias ocasiones su espíritu crítico, "carente de geometría y de teología".
Dicen los entendidos que La conjura de los necios tiene muchas lecturas y me parece muy cierto. A mí, al menos, cada vez que la he leído me ha sugerido nuevas situaciones e interpretaciones. Y ahora, que estamos en plena campaña electoral en España para elegir nuevos representantes en los gobiernos regionales y municipales, no he podido evitar sentirme un poco como Ignatius, zarandeado desde el Gobierno y desde la Oposición por unos necios conjurados, los políticos, que hacen su avío con unas maneras que no casan ni con mi idea de la decencia y ni con la del buen gusto.
Ignoro cómo podría evitarse esa conjura de necios (políticos) porque, a diferencia de Ignatius Reilly, no me siento capaz de ofrecer alternativas. Sólo me queda programar una escapada para el fin de semana de las votaciones, para ejercer mi sagrado derecho democrático a no votar ninguna lista de impresentables.
PS. Quizás he dejado traslucir con demasiada vehemencia mi decepción ante los políticos y sus políticas. Para mí la POLÍTICA es otra cosa y otras maneras.
El personaje principal, Ignatius Reilly, es un goldinflón intelectualoide, masturbador infatigable, revolucionario a su manera, en guerra declarada contra todo el mundo y todas las ideologías y con ideas absolutamente peculiares sobre la decencia y buen gusto. A los 30 años se ve obligado a abandonar las sórdidas estancias en las que vive a cargo de su madre y salir a la calle a ganar algún dinero para subsistir. Es un choque brutal contra un sistema operado por "necios conjurados" contra él y contra todo lo que para él tiene algún sentido. Un mundo, como afirma en varias ocasiones su espíritu crítico, "carente de geometría y de teología".
Dicen los entendidos que La conjura de los necios tiene muchas lecturas y me parece muy cierto. A mí, al menos, cada vez que la he leído me ha sugerido nuevas situaciones e interpretaciones. Y ahora, que estamos en plena campaña electoral en España para elegir nuevos representantes en los gobiernos regionales y municipales, no he podido evitar sentirme un poco como Ignatius, zarandeado desde el Gobierno y desde la Oposición por unos necios conjurados, los políticos, que hacen su avío con unas maneras que no casan ni con mi idea de la decencia y ni con la del buen gusto.
Ignoro cómo podría evitarse esa conjura de necios (políticos) porque, a diferencia de Ignatius Reilly, no me siento capaz de ofrecer alternativas. Sólo me queda programar una escapada para el fin de semana de las votaciones, para ejercer mi sagrado derecho democrático a no votar ninguna lista de impresentables.
PS. Quizás he dejado traslucir con demasiada vehemencia mi decepción ante los políticos y sus políticas. Para mí la POLÍTICA es otra cosa y otras maneras.
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viernes, 18 de mayo de 2007
He cumplido un año "bloguero"
Esta mañana he caído en la cuenta de que soy un jovencísimo blogger que acaba de cumplir un año. Así que he decidido hacerme un regalo de cumpleaños. Llevaba algunos meses con problemas en la unidad lectora de CD de mi equipo de alta fidelidad, una Pioneer PD 5500 que tartamudeaba y me hacía cosas desagradables. Así que avanzada la mañana he ido a la calle madrileña de la Alta Fidelidad y, tras algunas consultas y pruebas, me he traído conmigo una Harman/Kardon HD 950 cuyas características están de acuerdo con mis exigencias. Además, lee MP3, cosa que no hacía la vieja (cuando la compre hace unos 15 años todavía no se había inventado eso).
Mi equipo de Alta Fidelidad es una parte importante de mi infraestructura doméstica. Instalado en mi estudio ocupando algunos estantes de la biblioteca, me porporciona muchas horas de solaz y es motivo de audiciones y animadas tertulias con las amistades. Desde muy joven me apasionó la música y la alta fidelidad, afición que comparto con un buen grupo de amigos.
Mi equipo lo forman:
Un viejo amplificador Dual CV120 de 60+60 watios eficaces de salida (pero que va de maravilla).
Dos cajas acústicas herméticas Miniwatt de 130 litros, cada una con un buffer de 25", dos motores de medios y dos tweeter de agudos.
Dos platos giradiscos semiprofesionales Thorens TD 125 MKII, con dos cápsulas Shure V15 y dos Shure M75, para según qué discos de vinilo.
Un magnetófono Revox A77 (la joya del conjunto).
Una pletina de cassette Dual C901 Autoreverse (otra joyita).
Una pletina grabadora de analógico a digital Philips CDR 570.
Un sintonizador multibanda de radio Sansui T-80.
Una unidad lectora de CD Harman/Kardon HD 950 (la nueva, a ver cómo se porta).
Un mezclador SM 808 con ecualizador visual.
Unos auriculares (para no molestar con la música a horas intempestivas) Sennheiser HD414, de baja impedancia (otra joya).
Me diréis algunos que ahora se llevan otras cosas, más simples, más miniaturizadas. Ya lo sé, pero soy mayor, llevo más de 40 años coleccionando música en conserva en todos los formatos que se han ido inventando en esos 40 años y no soy capaz de renunciar a escucharla en su forma original. Diréis: además de viejo, cabezón... ¿Qué se le va a hacer?
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domingo, 13 de mayo de 2007
De paella

No hay ninguna celebración familar en ningún rincón del mundo que no contemple en algún momento la reunión en torno a la mesa. El acto de comer se convierte así en un ritual íntimo y, a la vez, compartido, participativo. Todas las culturas verdaderamente sólidas, arraigadas, ancestrales, tienen sus manjares típicos para las distintas celebraciones.
En mi tierra, el Reino de Valencia, uno de esos típicos platos propios para celebrar un acontecimiento señalado es el arroz en paella o, dicho de forma rápida, la paella. Decir "voy de paella" significa que uno va a reunirse con la familia o amigos para celebrar algo con una comida de mediodía (la paella, en mi tierra, nunca se cena; eso es cosa de turistas).
La paella se ha convertido en un plato de la gastronomía internacional lo cual equivale a decir que, en general, se puede comer casi en cualquier parte algo que alli llaman "paella" pero que a saber... Tampoco en mi tierra se comen buenas paellas en cualquier restaurante. Pero las hechas en casa de acuerdo con el ritual, con todas sus variantes, están siempre buenas. Por eso casi nunca vamos de paella fuera del ámbito familar, salvo a algunas casas de comida en las que sabemos que saben guisarla de acuerdo con el canon.
Luego está la estúpida discusión sobre cómo y de qué debe estar hecha una paella valenciana. Digo estúpida porque quienes animan esa discusión han olvidado (o no lo han sabido nunca) lo fundamental: la paella es, sencillamente, una de las mil formas de guisar el arroz que, en este caso particular utiliza un recipiente especial muy abierto y sin apenas altura lateral (que es a lo que realmente llamamos paella o caldero, al recipiente donde se guisa; llamarlo "paellera" es puro madrileñismo; en mi tierra una paellera es una señora que guisa paellas). Con la paella se reparte el fuego por toda la base y queda un arroz seco, entero y en su punto de textura. Discutir qué se le echa a la paella para acompañar al arroz es otra estupidez: se echa lo que se tiene a mano, como para cualquier otro arroz. Por otra parte, mi tierra es tan variada en ecosistemas (la costa de pescadores, las riberas agrícolas, las tierra de secano, la montaña...) que en cada sitio tienen lo que tienen y no por eso van a dejar de guisar un arroz en paella. Pero es verdad que con el tiempo se han ido decantando ciertos "menús": que si marinera, que si de carne, que si mixta, que si a banda...

Para mi gusto (que coincide con el familiar), mi arroz en paella ha de tener un sofrito de tomate y ajos, algunas verduras de temporada y, de tropezones, pollo, conejo y costillitas de cerdo. Todo condimentado con azafrán y un puntito de pimentón dulce. Y si hay pato que se quiten los demás tropezones.
Otro aspecto que hace que la paella sea para mí el plato familar por excelencia es la forma de comer el arroz, un hábito que se está perdiendo como tantos otros. El arroz hay que comerlo dentro de la propia paella cuando, tras unos minutos de reposo fuera del fuego, está templado, y hay que comerlo con cuchara a poder ser de madera; es cuando sabe más exquisito. La paella se coloca encima de la mesa y los comensales se sientan en torno a ella, cuchara en mano. Cada cual es dueño del sector circular que tiene delante, una especie de triángulo con el vértice en el centro de la paella. Si en tu terreno sale algún tropezón que no te gusta lo amontonas en el centro para que pueda cogerlo otro a quien le interese (si el arroz est
á bueno, suelen sobrar la mitad de los tropezones). Cuando has agotado tu sector completamente tienes derecho a entrar en el de tus vecinos inmediatos si andan más rezagados, lo cual da lugar a todas las bromas imaginables.
Comer arroz en paella es, como veis, un ritual con sus reglas.
En mi tierra, el Reino de Valencia, uno de esos típicos platos propios para celebrar un acontecimiento señalado es el arroz en paella o, dicho de forma rápida, la paella. Decir "voy de paella" significa que uno va a reunirse con la familia o amigos para celebrar algo con una comida de mediodía (la paella, en mi tierra, nunca se cena; eso es cosa de turistas).
La paella se ha convertido en un plato de la gastronomía internacional lo cual equivale a decir que, en general, se puede comer casi en cualquier parte algo que alli llaman "paella" pero que a saber... Tampoco en mi tierra se comen buenas paellas en cualquier restaurante. Pero las hechas en casa de acuerdo con el ritual, con todas sus variantes, están siempre buenas. Por eso casi nunca vamos de paella fuera del ámbito familar, salvo a algunas casas de comida en las que sabemos que saben guisarla de acuerdo con el canon.
Luego está la estúpida discusión sobre cómo y de qué debe estar hecha una paella valenciana. Digo estúpida porque quienes animan esa discusión han olvidado (o no lo han sabido nunca) lo fundamental: la paella es, sencillamente, una de las mil formas de guisar el arroz que, en este caso particular utiliza un recipiente especial muy abierto y sin apenas altura lateral (que es a lo que realmente llamamos paella o caldero, al recipiente donde se guisa; llamarlo "paellera" es puro madrileñismo; en mi tierra una paellera es una señora que guisa paellas). Con la paella se reparte el fuego por toda la base y queda un arroz seco, entero y en su punto de textura. Discutir qué se le echa a la paella para acompañar al arroz es otra estupidez: se echa lo que se tiene a mano, como para cualquier otro arroz. Por otra parte, mi tierra es tan variada en ecosistemas (la costa de pescadores, las riberas agrícolas, las tierra de secano, la montaña...) que en cada sitio tienen lo que tienen y no por eso van a dejar de guisar un arroz en paella. Pero es verdad que con el tiempo se han ido decantando ciertos "menús": que si marinera, que si de carne, que si mixta, que si a banda...

Para mi gusto (que coincide con el familiar), mi arroz en paella ha de tener un sofrito de tomate y ajos, algunas verduras de temporada y, de tropezones, pollo, conejo y costillitas de cerdo. Todo condimentado con azafrán y un puntito de pimentón dulce. Y si hay pato que se quiten los demás tropezones.
Otro aspecto que hace que la paella sea para mí el plato familar por excelencia es la forma de comer el arroz, un hábito que se está perdiendo como tantos otros. El arroz hay que comerlo dentro de la propia paella cuando, tras unos minutos de reposo fuera del fuego, está templado, y hay que comerlo con cuchara a poder ser de madera; es cuando sabe más exquisito. La paella se coloca encima de la mesa y los comensales se sientan en torno a ella, cuchara en mano. Cada cual es dueño del sector circular que tiene delante, una especie de triángulo con el vértice en el centro de la paella. Si en tu terreno sale algún tropezón que no te gusta lo amontonas en el centro para que pueda cogerlo otro a quien le interese (si el arroz est
á bueno, suelen sobrar la mitad de los tropezones). Cuando has agotado tu sector completamente tienes derecho a entrar en el de tus vecinos inmediatos si andan más rezagados, lo cual da lugar a todas las bromas imaginables.Comer arroz en paella es, como veis, un ritual con sus reglas.
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domingo, 6 de mayo de 2007
Desde mi pueblo
Estoy sentado ante una máquina en un cibercafé de mi pueblo, abarrotado de gente joven que me mira, unos con curiosidad, otros con extrañeza. Debe ser cosa de la hora, casi mediodía del domingo Día de la Madre.
Me concentro en la tarea que me ha traído aquí: escribir. Desde hace unos días me atosiga la idea de escribir sobre vosotros, los amigos que han ido pasando por esta página abierta y han dejado comentarios interesándose por mi salud. Os diré que mi recuperación es muy satisfactoria, según los médicos, y que espero en una semana más poderme reintegrar a mis tareas de despacho en el museo y volver a dar mis clases en la universidad. Ambas actividades las echo de menos ya.
Pero decía que quiero escribir sobre vosotros. Intento imaginaros en vuestras actividades cotidianas pero es esfuerzo vano porque, salvo de muy pocos, apenas conozco algún retazo que habéis ido dejando colgado en vuestras entradas. Tampoco puedo hacerme una idea cabal de vuestras caras (ese espejo del alma, dicen algunos) en todos los casos. Busco en la memoria las fotos que algunos habéis publicado de vuestros viajes o vuestras fiestas. De otros sólo tengo imágenes parciales: unos ojos, una boca. De la mayoría, una viñeta alegórica. Se hace difícil conversar con esos fragmentos anatómicos. Pero como detrás estáis cada uno de vosotros entero y verdadero, a esos “todos personales” les digo que ha sido una experiencia maravillosa el contacto establecido. Eso hace que mi blog, más que una experiencia personal, sea una experiencia colectiva. A todos, a los jóvenes y a los menos jóvenes, os digo que entrar en vuestras páginas me resulta una experiencia gratificante. Todas tienen su atractivo: temas livianos, incluso triviales, que me hacen recordar que el mundo es un teatro diversísimo; ensayos literarios juveniles sorprendentemente “maduros”; crónicas de la vida que hablan de actividades vitales; inquietudes y reflexiones personales que invitan a reflexionar sobre temas importantes; artículos de maduros profesionales. Siento a mi alrededor infinidad de ventanas abiertas para que mire hacia el interior de otras casas y, lo confieso, no puedo (ni quiero) evitar sentirme en ocasiones involucrado en lo que allí veo.
Estos días que paso en mi vieja casa del pueblo abarrotada de recuerdos y de libros, al cuidado amoroso de mis dos cuñadas, curioseando en viejas carpetas con cuartillas amarillentas garabateadas hace muchos años he encontrado un poemilla que escribí en abril de 1963. Os lo copio, no sin cierto rubor y vergüenza ajena:
EN LA DISTANCIA
Que la distancia nos separa y nos atrae
es un flujo vital que me alimenta,
ahora que la senda que anduvimos tantas veces
embriaga de azahar mis pasos vacilantes.
En la distancia, envuelta con encajes de susurros,
tu imagen se filtra como el sol en los naranjos
y llena mis pupilas de luces imposibles,
calidoscopio soñado, o real, o visión mágica.
Me asomo a la distancia y un vahído
de ausencias me aproxima con su vértigo
al cálido perfil de tu presencia imaginada.
Junto a mí, o quizás dentro, la oquedad
de tus formas alejadas se hace túrbido
alimento de un deseo aplazado inevitable.
Me concentro en la tarea que me ha traído aquí: escribir. Desde hace unos días me atosiga la idea de escribir sobre vosotros, los amigos que han ido pasando por esta página abierta y han dejado comentarios interesándose por mi salud. Os diré que mi recuperación es muy satisfactoria, según los médicos, y que espero en una semana más poderme reintegrar a mis tareas de despacho en el museo y volver a dar mis clases en la universidad. Ambas actividades las echo de menos ya.
Pero decía que quiero escribir sobre vosotros. Intento imaginaros en vuestras actividades cotidianas pero es esfuerzo vano porque, salvo de muy pocos, apenas conozco algún retazo que habéis ido dejando colgado en vuestras entradas. Tampoco puedo hacerme una idea cabal de vuestras caras (ese espejo del alma, dicen algunos) en todos los casos. Busco en la memoria las fotos que algunos habéis publicado de vuestros viajes o vuestras fiestas. De otros sólo tengo imágenes parciales: unos ojos, una boca. De la mayoría, una viñeta alegórica. Se hace difícil conversar con esos fragmentos anatómicos. Pero como detrás estáis cada uno de vosotros entero y verdadero, a esos “todos personales” les digo que ha sido una experiencia maravillosa el contacto establecido. Eso hace que mi blog, más que una experiencia personal, sea una experiencia colectiva. A todos, a los jóvenes y a los menos jóvenes, os digo que entrar en vuestras páginas me resulta una experiencia gratificante. Todas tienen su atractivo: temas livianos, incluso triviales, que me hacen recordar que el mundo es un teatro diversísimo; ensayos literarios juveniles sorprendentemente “maduros”; crónicas de la vida que hablan de actividades vitales; inquietudes y reflexiones personales que invitan a reflexionar sobre temas importantes; artículos de maduros profesionales. Siento a mi alrededor infinidad de ventanas abiertas para que mire hacia el interior de otras casas y, lo confieso, no puedo (ni quiero) evitar sentirme en ocasiones involucrado en lo que allí veo.
Estos días que paso en mi vieja casa del pueblo abarrotada de recuerdos y de libros, al cuidado amoroso de mis dos cuñadas, curioseando en viejas carpetas con cuartillas amarillentas garabateadas hace muchos años he encontrado un poemilla que escribí en abril de 1963. Os lo copio, no sin cierto rubor y vergüenza ajena:
EN LA DISTANCIA
Que la distancia nos separa y nos atrae
es un flujo vital que me alimenta,
ahora que la senda que anduvimos tantas veces
embriaga de azahar mis pasos vacilantes.
En la distancia, envuelta con encajes de susurros,
tu imagen se filtra como el sol en los naranjos
y llena mis pupilas de luces imposibles,
calidoscopio soñado, o real, o visión mágica.
Me asomo a la distancia y un vahído
de ausencias me aproxima con su vértigo
al cálido perfil de tu presencia imaginada.
Junto a mí, o quizás dentro, la oquedad
de tus formas alejadas se hace túrbido
alimento de un deseo aplazado inevitable.
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Autobiográficos,
Literarios,
Reflexiones personales
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