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sábado, 2 de febrero de 2008

Preludio carnavalesco

Hay ambiente carnavalesco por algunos rincones y plazas de Madrid. Suenan ritmos salseros (¿samberos?). Ayer (viernes), a la hora de la comida, en la mesa del restaurante vecina a la nuestra, había sentadas una damisela disfrazada de unicornio acompañada de otra vestida de hada.

Paseo por la Plaza de Colón de atardecida. Ruidos, risas, música. El ambiente está húmedo y huele a sexo. ¿Olía así? ¿Lo recuerdo?

Me disfrazo de hombre que pasea...

lunes, 21 de mayo de 2007

La conjura de los necios



Los pasados días de forzosa inactividad por mi convalecencia he vuelto a releer por enésima vez La conjura de los necios, de J.K. Toole. No sorprende que su atormentado y joven autor se suicidara poco después de escribir la novela, cuya publicación como obra póstuma ganó el Pulitzer y le elevó al Olimpo de las letras norteamericanas. A buenas horas mangas verdes...

El personaje principal, Ignatius Reilly, es un goldinflón intelectualoide, masturbador infatigable, revolucionario a su manera, en guerra declarada contra todo el mundo y todas las ideologías y con ideas absolutamente peculiares sobre la decencia y buen gusto. A los 30 años se ve obligado a abandonar las sórdidas estancias en las que vive a cargo de su madre y salir a la calle a ganar algún dinero para subsistir. Es un choque brutal contra un sistema operado por "necios conjurados" contra él y contra todo lo que para él tiene algún sentido. Un mundo, como afirma en varias ocasiones su espíritu crítico, "carente de geometría y de teología".

Dicen los entendidos que La conjura de los necios tiene muchas lecturas y me parece muy cierto. A mí, al menos, cada vez que la he leído me ha sugerido nuevas situaciones e interpretaciones. Y ahora, que estamos en plena campaña electoral en España para elegir nuevos representantes en los gobiernos regionales y municipales, no he podido evitar sentirme un poco como Ignatius, zarandeado desde el Gobierno y desde la Oposición por unos necios conjurados, los políticos, que hacen su avío con unas maneras que no casan ni con mi idea de la decencia y ni con la del buen gusto.

Ignoro cómo podría evitarse esa conjura de necios (políticos) porque, a diferencia de Ignatius Reilly, no me siento capaz de ofrecer alternativas. Sólo me queda programar una escapada para el fin de semana de las votaciones, para ejercer mi sagrado derecho democrático a no votar ninguna lista de impresentables.

PS. Quizás he dejado traslucir con demasiada vehemencia mi decepción ante los políticos y sus políticas. Para mí la POLÍTICA es otra cosa y otras maneras.

domingo, 6 de mayo de 2007

Desde mi pueblo

Estoy sentado ante una máquina en un cibercafé de mi pueblo, abarrotado de gente joven que me mira, unos con curiosidad, otros con extrañeza. Debe ser cosa de la hora, casi mediodía del domingo Día de la Madre.

Me concentro en la tarea que me ha traído aquí: escribir. Desde hace unos días me atosiga la idea de escribir sobre vosotros, los amigos que han ido pasando por esta página abierta y han dejado comentarios interesándose por mi salud. Os diré que mi recuperación es muy satisfactoria, según los médicos, y que espero en una semana más poderme reintegrar a mis tareas de despacho en el museo y volver a dar mis clases en la universidad. Ambas actividades las echo de menos ya.

Pero decía que quiero escribir sobre vosotros. Intento imaginaros en vuestras actividades cotidianas pero es esfuerzo vano porque, salvo de muy pocos, apenas conozco algún retazo que habéis ido dejando colgado en vuestras entradas. Tampoco puedo hacerme una idea cabal de vuestras caras (ese espejo del alma, dicen algunos) en todos los casos. Busco en la memoria las fotos que algunos habéis publicado de vuestros viajes o vuestras fiestas. De otros sólo tengo imágenes parciales: unos ojos, una boca. De la mayoría, una viñeta alegórica. Se hace difícil conversar con esos fragmentos anatómicos. Pero como detrás estáis cada uno de vosotros entero y verdadero, a esos “todos personales” les digo que ha sido una experiencia maravillosa el contacto establecido. Eso hace que mi blog, más que una experiencia personal, sea una experiencia colectiva. A todos, a los jóvenes y a los menos jóvenes, os digo que entrar en vuestras páginas me resulta una experiencia gratificante. Todas tienen su atractivo: temas livianos, incluso triviales, que me hacen recordar que el mundo es un teatro diversísimo; ensayos literarios juveniles sorprendentemente “maduros”; crónicas de la vida que hablan de actividades vitales; inquietudes y reflexiones personales que invitan a reflexionar sobre temas importantes; artículos de maduros profesionales. Siento a mi alrededor infinidad de ventanas abiertas para que mire hacia el interior de otras casas y, lo confieso, no puedo (ni quiero) evitar sentirme en ocasiones involucrado en lo que allí veo.

Estos días que paso en mi vieja casa del pueblo abarrotada de recuerdos y de libros, al cuidado amoroso de mis dos cuñadas, curioseando en viejas carpetas con cuartillas amarillentas garabateadas hace muchos años he encontrado un poemilla que escribí en abril de 1963. Os lo copio, no sin cierto rubor y vergüenza ajena:

EN LA DISTANCIA

Que la distancia nos separa y nos atrae
es un flujo vital que me alimenta,
ahora que la senda que anduvimos tantas veces
embriaga de azahar mis pasos vacilantes.

En la distancia, envuelta con encajes de susurros,
tu imagen se filtra como el sol en los naranjos
y llena mis pupilas de luces imposibles,
calidoscopio soñado, o real, o visión mágica.

Me asomo a la distancia y un vahído
de ausencias me aproxima con su vértigo
al cálido perfil de tu presencia imaginada.

Junto a mí, o quizás dentro, la oquedad
de tus formas alejadas se hace túrbido
alimento de un deseo aplazado inevitable.

jueves, 28 de diciembre de 2006

Cuentecillo navideño

La comida del día de Navidad había sido copiosa y su estómago le producía ciertas flatulencias como de un ser vivo que se desperezara espasmódicamente dentro de su abdomen. Pensó: "He comido demasiado. Me subirá el azúcar". Pero, ¿quién se resiste ante un buen puchero navideño? Su cuñada Teresín era una respetuosa seguidora de la tradición: la comida de Navidad, puchero, faltaría más... Y, cuando todavía andaba uno regurgitando la cena de Nochebuena, había que sentarse de nuevo a la mesa ante una humeante sopera llena de exquisiteces aviares y varias bandejas con las guarniciones y viandas del puchero.

Eran casi las cinco de la tarde cuando se había levantado de la mesa dispuesto a tomar una reparadora siesta pero la pesadez de estómago no le dejaba conciliar el sueño. El estómago y una idea fija que, al principio como simple punzada y luego como abierta inquietud, ronroneaba por su cerebro. Tumbado como estaba, levantó la cabeza de la almohada para asegurarse de que el teléfono móvil estaba conectado y bien visible sobre la mesilla. Esperaba una llamada especial o, mejor dicho, un mensaje. El año anterior, ese mismo día hacia la media tarde, había recibido un mensaje suyo: "Felices pascuas y próspero año nuevo". Nada original en sí, de no haber sido porque era la primera vez tras dos años que se producía ese contacto.

Desde entonces muchas cosas habían sucedido. La más notable, sin duda, esas inolvidables vacaciones de Semana Santa que pasaron juntos tendiendo puentes hacia lejanas ciudades y acariciando esperanzas de nuevos rumbos. Lo que había sucedido luego hizo posible que estrenaran esa nueva andadura.

Sintió sed y una pirueta del subconsciente trajo a primer plano el contenido de su nevera, siempre bastante desangelada: unas botellas de agua refrescándose, una botella de cava tumbada esperando su momento, un cabo de lomo de Guijuelo duro como una piedra después de varios meses, dos latas de Red Bull y una pastilla de chocolate puro Valor...

Chasqueó la lengua algo estropajosa varias veces y se dio la vuelta en la cama. Un dulce sopor le estaba venciendo mientras esperaba...



(La canción, Pigliate 'na pastiglia, interpretada por Renzo Arbore creo que viene al pelo...)