lunes, 16 de julio de 2012

Desde mi higuera (30)


“¡Que se jodan…!”, dijo la impresentable diputada del PP Andrea Fabra (digno miembro de una conocida saga de triperos de la política) cuando el cabestro de su partido anunció los nuevos recortes, en particular los de las prestaciones por desempleo. ¡Que se jodan los parados! Los parados, que como indican todas las encuestas oficiales y privadas, son la primera preocupación de los ciudadanos españoles. ¡Viva la política, los políticos y políticas y el coño de la Bernarda! Le faltó tiempo a otro siniestro personaje pepero, la Cospedal, para salir en su defensa y justificación. Si uno sigue con detenimiento la sarta de argumentos cospedaleros, aplicando la propiedad transitiva, al final resulta que la culpa del exabrupto la tienen sencillamente los parados. Si desaparecieran los parados…

También me ha llamado la atención otro argumento de esta gran virtuosa del cinismo: si se expedientara a la Fabra habría que expedientar también a medio Parlamento. ¡Ostras! Así van las cosas.

La corrupción y el choriceo llegan también a la política aldeana (¿o comienza allí?). En un pueblo no muy lejos del mío, Oliva, TODOS los concejales, y al decir todos quiero decir también los de su propio partido el PP, acaban de echar a la alcaldesa mediante una moción de censura. Imagínense cómo será la angelita. Lo bueno del caso es que ella se defiende, además de proclamándose la única culta del consistorio por el hecho de ser maestra de escuela, diciendo que ha sufrido un golpe de estado. Pero lo mejor es que acto seguido de la defenestración los órganos provinciales del PP le han buscado un despachito para asegurarle el jornal y que pueda seguir jodiendo la marrana impunemente.

Esta misma mañana, en la tertulia mañanera de un grupo de jubilados de la que formo parte, alguien comentó que la crisis no acabará hasta que desaparezcan todos los chorizos (no los de comer sino los otros, los de dos patas). Sabia sentencia. Lo malo es que vivimos en una democracia que prima el choriceo y uno ya empieza a dudar si habrá alguna otra que no sea así.

sábado, 19 de mayo de 2012

Desde mi higuera (29)


Lisboa es una ciudad que me encanta. Ya me gustó cuando la visité por primera vez hace por lo menos cuarenta años, a pesar del aspecto entonces ruinoso y sucio de algunos de los barrios populares de la Lisboa antigua. Hoy es una ciudad moderna gracias al reto que supuso la celebración de la Exposición Internacional de 1998. Pero en realidad ya era moderna cuando el Marqués de Pombal la reconstruyó tras el terremoto de 1755. A Portugal llegó La Ilustración con toda su fuerza y eso se nota en el diseño urbanístico de la capital de un imperio en el que tampoco se ponía el sol: amplias avenidas, entramados callejeros ortogonales, plazas soleadas y los característicos empedrados de caliza blanca. Nada parecido sucedió en el Madrid ilustrado, como es bien sabido.


Me gusta pasear desde la Plaza del Marqués de Pombal, por la Avenida da Liberdade, hasta Restauradores y seguir por Rossio hasta la Plaza del Comercio, abierta al estuario. Todo un símbolo. Si se hace la hora de comer o de cenar procuro rehuir las muchas ofertas restauradoras de la Rua da Palma para dirigirme a la Casa do Alentejo, un viejo caserón del siglo XVII que conoció tiempos gloriosos en el siglo XIX como casino, hoy envejecido, decadente y plagado de desconchones en sus pinturas murales pero con una excelente cocina alentejana. O, si se tercia, subir al Barrio Alto y sentarme en la mesa corrida de algún restaurante popular donde algún cantante de fados desgrana su melancolía en la cálida noche primaveral.

Lisboa multirracial y tolerante, como corresponde a su herencia imperial. Y no me olvido de tomar unos pasteles de feijão mientras saboreo alguna de las más de veinte variedades de café ofertadas en las buenas cafeterías. Lisboa antigua y señorial. Sí señor.

viernes, 9 de marzo de 2012

Desde mi higuera (28)


Por fin el tiempo ha mejorado. Los fríos de semanas anteriores han dejado paso a un clima más benigno, a días soleados en los que apetece de nuevo venir a sentarse bajo la higuera. Y lo hago mientras me ronronea por la cabeza la polémica que se ha levantado tras hacerse público un informe de la RAE sobre lenguaje sexista (http://noticias.universia.es/en-portada/noticia/2012/03/08/916215/rae-contra-lenguaje-no-sexista.html), un informe con el que estoy de acuerdo totalmente. El problema es que, en general, el español se habla mal, cada vez peor y por eso surge la polémica.

Nunca he sido partidario de los autoritarismos, y en esto del lenguaje la RAE no “hace” el idioma, sino que lo cuida. El idioma lo hace la gente que lo usa para comunicarse, y mientras pueda comunicarse el idioma es válido. La RAE ya se encargará de analizar los cambios y las adiciones necesarias para que la lengua evolucione.

Pero, ¿qué sucede cuando en el habla común alteramos los pilares gramaticales que constituyen el espinazo del idioma? Sencillamente, que hablamos mal. No es un problema de la lengua sino de quien la usa. Y en eso estamos asistiendo cotidianamente a verdaderas defenestraciones del lenguaje correcto porque la educación  y los conocimientos de la lengua española, que se aprenden en la calle pero también en la escuela, cada día son más pobretones. En realidad en la escuela, tan moderna, se enseña o se aprende poca gramática.

Cuando el lenguaje se empobrece es fácilmente colonizado por préstamos de otras lenguas e invenciones que hacen fortuna gracias a los medios de comunicación, renovando constantemente una especie de lenguaje “cheli” que sustituye palabras y expresiones correctas por otras que no lo son pero que su uso da al usuario cierto aire de moderno, de estar al día, de “estar al loro”, diría el cheli ya un tanto trasnochado. Y la RAE está en su perfecto derecho de advertir a la sociedad que se está pasando de la raya, aunque no mandará a los civiles a que laven la lengua con salfumant a los usuarios recalcitrantes.

Es un hecho que el vocabulario habitual se está empobreciendo gracias a la telebasura, la radiobasura y la prensabasura, en manos de unos negados (salvo honrosas excepciones) que tratan a batacazos la lengua española y todos les reímos las gracias. Se podría aplicar la copla a otras lenguas de España y, probablemente, del extranjero, pero el tema va aquí del español.

Y encima está ahora la polémica de si el español es sexista o no. ¡Vaya gilipollez! Hace años, cuando estaba en su mayor efervescencia el feminismo, me sucedió una anécdota. Dictaba yo una conferencia sobre un tema de Prehistoria y, a lo largo del discurso, empleaba expresiones como: “El descubrimiento del fuego fue uno de los primeros grandes logros del hombre”. Al terminar la conferencia, en el coloquio que se suscitó, una señora de buen ver me hizo observar (en realidad se quejaba) que no había usando en ninguna ocasión la palabra mujer. Si es que en la Prehistoria no había mujeres… Amablemente le respondí que sí debía haberlas porque la humanidad creció multiplicándose de la forma habitual que conocemos. Pero que, en cualquier caso, era evidente que yo había utilizado el término hombre como sinónimo de ser humano, categoría que incluye obviamente a las mujeres, dando por supuesto que todo mi auditorio lo entendería así. Dejando aparte el ramalazo reivindicativo sexista, mi interpelante parecía haber olvidado que la palabra hombre tiene otros significados además del de macho de la especie, según el contexto en el que se use el vocablo.

Pues así siguen las cosas.

viernes, 13 de enero de 2012

Desde mi higuera (27)

Hasta hace no muchos años se decía por Europa que el españolito medio era un señor bajito, moreno y constantemente cabreado porque pensaba que follaba poco y mal en comparación con los europeos. Este clisé ha cambiado pero el cabreo de ellos y ellas se ha incrementado notablemente en las últimas semanas tras el fiasco que ha resultado de las pasadas elecciones generales. El oro y el moro que nos prometían los que resultaron ganadores ha quedado sólo en el moro (que lo hay, y mucho, en nuestras calles, dicho sea sin el menor atisbo de xenofobia). El oro nos lo están arrebatando de nuestros magros bolsillos a base de desdecirse de lo dicho en campaña, subirnos los impuestos, congelar y vituperar a los pobres funcionarios de carrera (que se han convertido en moradores de un gheto constantemente amenazado con refinamiento nazi) y otras lindezas. Pero de bajarse drásticamente el sueldo y las prebendas los políticos, de eso nada. Nuestra clase política no tiene la menor vergüenza, manden tirios o troyanos. Además, el querido y esperado Rajoy nos tendrá que explicar “para que le entendamos” (muletilla que usa con frecuencia), cómo hacer para, al mismo tiempo, apretarnos el cinturón y bajarnos los pantalones, una idea que ha circulado recientemente en un correo ampliamente distribuido.

Nada de todo esto me viene de nuevas. Ya lo sugerí en alguna otra ocasión. Era y soy perfectamente consciente de que los gastos faraónicos de las políticas anteriores había que pagarlos con dinero del bolsillo de los españoles. No hay otra fuente de ingresos. ¿Quiere usted olimpiadas?, págueselas. ¿Quiere usted aeropuertos sin vuelos ni aviones?, págueselos. Y así un largo etcétera… Pero págueselos no por lo que valen sino por lo que costaron, que suele ser unas tres veces más que su valor real. Y los que no quieran olimpiadas ni aeropuertos vacíos ni puertos deportivos ni más circuitos de Fórmula 1 que se fastidien y paguen, que el bien común lo exige.

Y mientras tanto, van saltando a la prensa los casos judiciales de los sinvergüenzas que, amparados en su estatus político o de la entrepierna, han estado robando a manos llenas dinero público, es decir, dinero de usted y mío que previamente nos habían detraído legalmente para “hacer grande la patria”. Son sólo la punta del iceberg. La inmensa mayoría está oculta y probablemente así seguirá.

Van a reformar la Constitución Española. Ya verán como, a la vista de que los resortes judiciales actuales todavía permiten meter mano a los políticos que se dejan cazar, de la reforma salen más protegidos y encastillados para poder seguir pastando en un monte que, para ellos, será todo de orégano. Y si no, al tiempo...

jueves, 22 de diciembre de 2011

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Desde mi higuera (25)


La ingeniería financiera está de moda con tantos casos sub judice o ya juzgados (con sentencia condenatoria) de los últimos años, desde que el conocido “ingeniero” Mario Conde fuera investido con el Doctorado Honoris Causa por la Complutense de Madrid a finales de los años 80 del siglo pasado. ¡Vaya metida de pata y vaya desprestigio para tal honor y para la Universidad que lo otorgó! Pero no cabe duda que el “ingeniero”, guapito de cara, es un tipo listo y sabe sacar leche de un botijo: en los años de cárcel para penar sus delitos ha colocado en la industria editorial varios best seller, cuyas ganancias está disfrutando rotatoriamente en sus fincas multimillonarias. Y es que, en el fondo, todos llevamos dentro un “ingeniero” esperando la oportunidad de hacer de Conde y nos apasiona conocer sus trucos.

Otro caso de “ingeniería” con proceso judicial en ciernes lo está protagonizando estos días el Excelentísimo Señor Iñaki Urdangarín, diestro en el pelotazo tras sus muchos años de balonmanista. La Justicia se encargará de aclarar sus cuentas y sancionarlas como sea de justicia. Mientras tanto ya no comerá de gorra en los actos oficiales, aunque maldita la falta que le hace con los millones que dicen que ha afanado.
Y es que la Casa Real, sea dicho con todo respeto hacia la institución, no ha tenido suerte con los yernos. Uno echa en falta aquí a alguien como la vieja Reina Federica de Grecia (la madre de nuestra reina Sofía), que era el bicho que picó al tren. Ella no se hubiera dejado seducir por braguetazos y hubiera llevado a sus nietas más tiesas que un huso, como llevó a su hija hasta que pronunció el “Si, quiero”. Claro, que con ella tampoco tendríamos en la Casa Real a una plebeya que, dicho sea de paso, me parece una mujer íntegra y buena esposa, que aporta sangre limpia y roja a la deteriorada sangre azul.

Y ya, para cerrar el trío, debo mencionar a ese extraordinario “ingeniero” que es Ruiz Mateo, el reincidente. No encuentro palabras para calificar su sinvergonzonería superlativa.

En el fondo, lo que se trasluce de estos trabajos de “ingeniería” es que el sistema financiero tiene agujeros por los que colar fondos hacia los bolsillos particulares. Yo, que tiendo a ser malpensado, creo que son agujeros hechos a propósito y convenientemente camuflados. El fallo de los “ingenieros” está en no calcular adecuadamente la sección del agujero e intentar hacer pasar por él demasiado caudal, lo cual provoca inundaciones visibles. Porque, por lo demás, como decía mi madre, con paciencia y saliva se folló el elefante a la hormiga…

sábado, 3 de diciembre de 2011

Desde mi higuera (24)


Esta tarde me he puesto perdido por la lluvia. Estaba tranquilamente sentado bajo las desnudas ramas de la higuera, removiendo con una caña la hojarasca para ver la intensa vida que anida bajo las hojas secas cuando el sol ha sido ocultado tras negros nubarrones y, sin darme apenas tiempo para buscar cobijo, se ha puesto a llover.

De pronto he caído en la cuenta que la próxima semana es semana de puentes, sobre todo para la miríada de funcionarios que organizan con precisión de relojero sus “moscosos” (¿estará en la cárcel su inventor, el exministro Moscoso?) para tener más vacaciones que nadie. Pero, mala cosa si el tiempo se tuerce.
Junto a las nefastas noticias del paro, los recortes económicos y otras lindezas, nos cuelan que para esta semana que entra se esperan no sé cuántos millones de desplazamientos en automóvil, y que la Guardia Civil ya tiene preparadas las operaciones de salida y retorno para ver si hay suerte y se mata menos gente por las carreteras que el año pasado por estas mismas fechas. ¡Ah, las estadísticas! ¡Cuántos misterios encierran! ¿Pero, no habíamos quedado en que estamos hasta el cuello? Serán, sin duda, sólo los cinco millones de parados que, total, sólo representan cuatro o cinco millones de hogares. Los demás (quizás no todos) pueden permitirse el capricho de darse un garbeo para ahogar en vino la angustia de tener trabajo todos los días.

Turismo interior… Sí, ya sé que no genera riqueza. Que es como cambiarse el dinero de bolsillo para el Estado, cuyo único beneficio en este caso son los impuestos directos que el consumo genera. Pero ayuda a los hosteleros a hacerse la ilusión de que entra “cash” fresco y, como dicen, al menos cubren gastos y mantienen abiertos sus establecimientos. Pero saben en el fondo que el turismo interior es un “bluff”, un engaño económico. El dinero que verdaderamente hace hervir la olla es el que llega de fuera, del extranjero. Ése sí que suma. Porque el de dentro sólo se desplaza cambiando de manos. Y, en cuanto te descuidas, se arma otra burbuja…

lunes, 21 de noviembre de 2011

Desde mi higuera (23)


Ayer los españoles que ejercieron su derecho al voto decidieron mayoritariamente que había que dar un giro a la derecha de la política gubernativa. El resultado era previsible. España va mal, las cosas van mal y los políticos son la casta más desprestigiada del momento, con un desprestigio ganado a pulso día a día con sus escándalos, negaciones y silencios. La elección no era sencilla, pero la mayoría del electorado mueve su voto no por los colores políticos sino por las necesidades de su entorno inmediato. Muchos se habrán dicho: “Los que mandan no nos sacan de apuros. Veamos si otros lo hacen”. La democracia occidental se ha convertido en un sistema de “trial and error”, en un “veamos si ahora funciona”. Lo que probablemente ignora (o de lo que no es consciente) la mayoría de votantes es que la solución de los grandes problemas de la crisis no va a depender de la voluntad política española. España tiene pocos medios para producir riqueza: nuestro sector primario (industria, agricultura, pesca) es escaso y el terciario (turismo y anejos), que es la tajada del león del PIB, es muy volátil, especialmente en tiempos de crisis.
Ciertamente, el engrosamiento de la deuda es en gran medida consecuencia de medidas políticas internas dictadas en tiempos de bonanza y con poca previsión de futuro. Una de nuestras desgracias políticas es la miopía de nuestros próceres, que no ven más allá de la legislatura en la que les toca oficiar, lo cual da pocas opciones para políticas de largo alcance. Otra cosa son las coplas que nos cantan, porque, como dice la sabiduría popular, una cosa es predicar y otra dar trigo. Los nuestros se suelen quedar más en las prédicas y apelan a la esperanza.
Mientras tanto, la banca internacional se frota las manos desde hace tiempo porque ha encontrado la forma de ganar dinero gestionando la deuda de países como el nuestro a unos intereses de usura. Poco importa quien haya ganado estas elecciones: de apretarnos el cinturón no nos vamos a librar mientras no cambie el ciclo económico y las bases en las que se asienta, un asunto en el que España, tristemente, no pinta nada. La cosa es tan vieja como la Biblia: vacas gordas y vacas flacas…

martes, 20 de septiembre de 2011

Desde mi higuera (22)

He estado una semana en Toulouse (Francia), la vieja Tolosa capital del reino visigodo occitano y uno de los núcleos de resistencia cátara. Es una ciudad encantadora, solazada en las riberas del río Garona (siempre me ha resultado chocante que los franceses asignen a los ríos el  género femenino: “la Garonne”), un río caudaloso alimentado por las nieves de los Pirineos. Me encanta pasear por su casco antiguo, que conserva el trazado dieciochesco y no pocos edificios de aquella época, y sentarme en alguna de sus pequeñas terrazas a contemplar el paso de una gente multirracial completamente integrada en una floreciente polis de medio millón de habitantes, tres universidades y gran aparato industrial.

Inevitablemente, mis pasos perdidos acaban siempre en la basílica de Saint-Serin o San Saturnino de Tolosa, una monumental iglesia románica de las más grandes de Europa, que me hace recordar la importancia que tuvo Tolosa en el Medioevo como centro de acogida de peregrinos del Camino de Santiago, antes de dar el salto a los Pirineos por el paso de Canfranc hacia Jaca, o ya de vuelta. Es un edificio soberbio, de poderosos muros y arriesgada arquitectura. De planta cruciforme, su nave central eleva sus pilares a gran altura, y sus cuatro naves laterales, dos a dos, están recorridas en lo alto por una amplia tribuna que bordea todo el templo. Sobre el crucero apoya una esbelta torre-campanario octogonal de cinco cuerpos y aguja con gallo en la veleta. Sus relieves, tallados en piedra con detallismo de orfebre, me recuerdan los estilos y las manos de los maestros canteros que también trabajaron en las iglesias y claustros románicos españoles. Ante los ojos observadores desfila un complejo programa iconográfico en el que se entremezclan lo sagrado y lo profano lanzando un mensaje que ya no tiene receptores porque el hombre moderno ha perdido las claves para interpretarlo como lo hacían los peregrinos medievales.

Reanudando una vieja costumbre, he preparado un reportaje con algunas imágenes de tanta maravilla. Espero que les guste.





jueves, 8 de septiembre de 2011

Desde mi higuera (21)

Hace mucho tiempo, demasiado, que no vengo a sentarme a la sombra de mi higuera. Ahora comienza a ser tiempo de higos por acá y ya van pintando de negro. El verano da sus últimos coletazos retozones regalándonos calores todavía, pero las playas se van quedando desiertas. Sería bueno que lloviera antes de la siega del arroz. Que lloviera, no esas tormentas que a veces nos trae septiembre y que nos pone perdidos en unas horas, con el agua hasta la rodilla.

Para los ritmos de la sociedad española septiembre es el mes de los retornos: retorno al trabajo después de las vacaciones (aquellos afortunados que tienen trabajo y vacaciones), retorno a las aulas de grandes y pequeños, retorno…, πάντα ρει…

Me gustaría retornar de algo, pero comienzo a ser lo suficientemente añoso como para estar ya de vuelta de casi todo. No, no es cierto: Ítaca estará siempre más allá de mi horizonte. Por eso he retornado a mi higuera.