Hace algún tiempo coincidí con una colega norteamericana en un congreso y le propuse que escribiera un artículo sobre sus investigaciones para una revista española de la especialidad. Aceptó encantada. Como la revista sólo publica textos en español, yo andaba entonces con muchas tareas por delante y no podía comprometerme a traducírselo, le pregunté si tenía la posibilidad de un traductor. Me dijo que sí, que no me preocupara, pero me pidió que revisara la traducción.
Hace unos días he recibido el original en inglés y la traducción. ¡Qué espanto! Mi querida amiga ha debido utilizar un traductor cibernético y me va a costar más corregir la traducción de la máquina que hacerla yo mismo.
Lo mejor está en el último párrafo, el de los agradecimientos. Dice la traducción:
“Yo agradezco a (lista de cinco nombres, todos varones, entre los que está el mío) por sus muchas y rectas penetraciones…”
Dice el original:
“I am grateful to (lista de cinco nombres, todos varones, entre los que está el mío) for their many and right insights…”
¡Como para fiarse del traductor!
Nota: Para que los no angloparlantes entiendan mejor el chiste, insight significa penetración en el sentido de perspicacia, pero también (y ese es el sentido en el que la autora utiliza el término) intuición, nueva perspectiva sobre algo.
martes, 29 de julio de 2008
martes, 15 de julio de 2008
La encuesta de mi amiga Reme
Mi amiga Reme, hace ya algunos años (¡figuraos, éramos treintañeros!), hizo una encuesta muy curiosa: durante varios meses, en las reuniones de amigos, cenas y otros eventos con gente de confianza se dirigía a un varón y le preguntaba seriamente mirándolo fijamente a los ojos: “Para hacer el amor, ¿tú que prefieres cantidad o calidad?”
Si respondías “calidad” (como fue mi caso), sonreía unos segundos y comentaba a continuación, con sorna, mirando a alguno de los presentes mientras ladeaba ligeramente la cabeza con expresión pícara: “Otro que la tiene pequeña”.
Yo solté una carcajada y, a continuación, una grosería: “Pues sí, pero muy juguetona. ¿Quieres comprobarlo?”. Pero había otros que se quedaban unos segundos sin habla, como corridos. Probablemente Reme había acertado y la tenían pequeña. O se lo parecía a ellos.
En cierto modo se producía una situación similar a la de aquellos “brain-storm” que se pusieron de moda en los años 70 en las reuniones de los equipos de ejecutivos agresivos de las jóvenes empresas de entonces, cuando quien dirigía la reunión (generalmente una mujer experta en técnicas de motivación) se acercaba a alguno de los presentes, le miraba fijamente a los ojos hasta que notaba en él cierta incomodidad y le espetaba a bocajarro: “Oiga, ¿usted se masturba?”. Era una manera de medir la capacidad de reacción del interpelado ante una situación crítica.
Y no es que a la mayoría nos preocupe (o, mejor dicho, nos preocupara) si la tenemos grande o pequeña o si nos masturbamos o no –dejo a un lado los casos patológicos. Lo preocupante es que “eso”, que consideramos pertenecer a nuestra esfera más privada, se convierta de pronto en noticia pública. Tanto Reme como la directora de un “brain-storm” esperaban que el interrogado supiera improvisar una mentira convincente de manera rápida, porque ni a la una ni a la otra le interesaba lo más mínimo conocer la respuesta verdadera.
Pero…, ¿preocupante por qué?
Si respondías “calidad” (como fue mi caso), sonreía unos segundos y comentaba a continuación, con sorna, mirando a alguno de los presentes mientras ladeaba ligeramente la cabeza con expresión pícara: “Otro que la tiene pequeña”.
Yo solté una carcajada y, a continuación, una grosería: “Pues sí, pero muy juguetona. ¿Quieres comprobarlo?”. Pero había otros que se quedaban unos segundos sin habla, como corridos. Probablemente Reme había acertado y la tenían pequeña. O se lo parecía a ellos.
En cierto modo se producía una situación similar a la de aquellos “brain-storm” que se pusieron de moda en los años 70 en las reuniones de los equipos de ejecutivos agresivos de las jóvenes empresas de entonces, cuando quien dirigía la reunión (generalmente una mujer experta en técnicas de motivación) se acercaba a alguno de los presentes, le miraba fijamente a los ojos hasta que notaba en él cierta incomodidad y le espetaba a bocajarro: “Oiga, ¿usted se masturba?”. Era una manera de medir la capacidad de reacción del interpelado ante una situación crítica.
Y no es que a la mayoría nos preocupe (o, mejor dicho, nos preocupara) si la tenemos grande o pequeña o si nos masturbamos o no –dejo a un lado los casos patológicos. Lo preocupante es que “eso”, que consideramos pertenecer a nuestra esfera más privada, se convierta de pronto en noticia pública. Tanto Reme como la directora de un “brain-storm” esperaban que el interrogado supiera improvisar una mentira convincente de manera rápida, porque ni a la una ni a la otra le interesaba lo más mínimo conocer la respuesta verdadera.
Pero…, ¿preocupante por qué?
jueves, 3 de julio de 2008
Minivacaciones en Moscú
El Yayo Salva se marcha unos días a Moscú, mitad trabajo, mitad placeres de los sentidos. Un año más tendrá que poner a prueba su capacidad de aguante a la vodka “Russian style” frente a aguerridos nativos que intentarán tumbarle. Pero eso será sólo un día, el día del “gran banquete” con infinidad de brindis, algo muy típicamente ruso.El programa musical ya está completo y las entradas en el bolsillo:
Día 5 de julio, Teatro Stanislavsky, ballet “El Lago de los Cisnes”, de P.I. Tchaikovsky, con coreografía de Vladimir Burmeister.
Día 6 de julio, Teatro Helikon-Opera, “Le Nozze di Figaro”, de W.A. Mozart, dirigida por Dmitry Bertman.
Día 7 de julio, Teatro Bolshoi, ballet “Spartacus”, de Aram Khachaturian, con coreografía de Yuri Grigorovich.
El gastronómico se improvisará sobre la marcha, pero no faltará una visita a U Pirosmani (cocina georgiana) a comer sus ricas berenjenas “khachapury”, después de un agradable paseo por los jardines del monasterio de Novodevichy. Y la sopa “borsch” en el restaurantillo siempre atestado que hay frente al metro, camino del mercado de Izmaylovo. Y aquel restaurante libanés en la zona residencial de estudiantes de la Universidad, con chicas que bailan habilidosamente la danza del vientre por unos pocos rublos (quizá me fume mientrastanto una narguila con aroma de naranja). Y tomar un helado (“moroshnoe”) en cualquier puestecillo callejero…
Y pasearé como un turista más por la Plaza Roja, y tomaré las enésimas fotos a las cúpulas de San Basilio, y sentiré una vez más la incomodidad al pasar frente al matadero de disidentes y simples sospechosos que fue el antiguo edificio de la KGB en la calle Lublianka.
En fin, que amo Moscú, y todos los años me busco alguna excusa para exprimirlo un poco más.
lunes, 30 de junio de 2008
¡Campeones!... del fútbol europeo profesional
¡Sí, señoras y señores, “ganamos”! Anoche las calles de Madrid fueron una fiesta y supongo que las de otras ciudades y pueblos también. Cuando la selección pierde, pierde…, pero cuando gana, “ganamos”. Hoy, esta tarde, ha llegado el avión con la selección victoriosa ante un despliegue de medios informativos apabullante. Me lo venían advirtiendo cada pocos minutos en la cadena de televisión en la que intentaba ver un “western” (uno de mis vicios secretos).
Por unas horas o unos días no se hablará de crisis económica, ni del precio del petróleo, ni de la subida de las hipotecas. Los romanos lo descubrieron hace más de dos mil años: “Panem et Circensis”. Luego fue “Pan y Toros”. Ahora “Pan y Fútbol”.
Bienvenido sea cualquier evento capaz de relegar al olvido momentáneo las miserias y agobios personales. Me pregunto: ¿qué sucedería si todos los medios de comunicación se pusieran de acuerdo para hablar constantemente de lo bella que es la vida, de lo bien que vivimos, de lo majos que somos, etc.? ¿Conseguirían cambiar la realidad o sólo ocultarla? ¿Pero..., seríamos más felices?
Por unas horas o unos días no se hablará de crisis económica, ni del precio del petróleo, ni de la subida de las hipotecas. Los romanos lo descubrieron hace más de dos mil años: “Panem et Circensis”. Luego fue “Pan y Toros”. Ahora “Pan y Fútbol”.
Bienvenido sea cualquier evento capaz de relegar al olvido momentáneo las miserias y agobios personales. Me pregunto: ¿qué sucedería si todos los medios de comunicación se pusieran de acuerdo para hablar constantemente de lo bella que es la vida, de lo bien que vivimos, de lo majos que somos, etc.? ¿Conseguirían cambiar la realidad o sólo ocultarla? ¿Pero..., seríamos más felices?
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viernes, 20 de junio de 2008
Ministerio de Igualdad
¡Ja, ja, ja, ja…! Ciertamente estoy en el mundo para que se haga verdad el dicho popular de que “de todo hay en la viña del Señor”. Esta mañana, leyendo de reojo una noticia del periódico que me ponía ante el hocico un vecino en el metro a hora punta, me he enterado de que en España tenemos un Ministerio de Igualdad, creado en la actual legislatura de ZP. Me ha parecido algo tan… extraordinario que cuando he vuelto a casa después del trabajo le he preguntado a la Wiki, que se lo sabe todo. ¡Es cierto, tenemos un Ministerio de Igualdad!
Igualdad, claro está, como reivindicación de la mujer en las esferas del trabajo, la protección frente a la violencia, etc. Al principio me ha hecho gracia. Luego, pensando más serenamente, me he quedado un tanto perplejo.
Pertenezco desde hace muchos años a ese extraño mundo del funcionariado, desempeñando mi carrera en dos centros de trabajo: un gran museo y la universidad. En el museo, por lo que se refiere a técnicos superiores, ellas nos ganan en número en una proporción de 20/6. En el resto de personal, unas 150 almas, la proporción hembras/varones es aproximadamente de 2/1. Hay una sección en particular, la de mozos de movimiento de obras de arte, en la que trabajan dos mujeres y dos hombres (¡vaya, aquí si hay igualdad!). Pero resulta que las féminas, aduciendo su condición de tales, no pueden (o quieren, ¿quién sabe?) realizar esfuerzos, lo cual sobrecarga de trabajo a los varones por un mismo sueldo y, en casos extremos, obliga al museo a contratar temporalmente mozos (varones) de fuera para realizar ciertos trabajos, digamos, pesados. ¿Igualdad? En el claustro de la universidad ellas nos ganan en la proporción 3/2.
No quiero decir con esto que esté en contra de las reivindicaciones de la mujer. Nada de eso. Pero sí estoy rotundamente en contra de la tiranía de la estadística. Ya no es cierto, al menos en la Administración, que sea el reino y gobierno del macho. Mires hacia donde mires ellas nos ganan en número y a menudo en galones. Pero no me parece injusto porque, para la mayoría de las tareas administrativas o de investigación y docencia, el cerebro de la mujer está en igualdad de condiciones que el del varón. Bueno, en realidad pienso que los cerebros no se diferencian genéricamente; son otras cualidades las que establecen diferencias. Pero es en ese terreno de profesionales que usan, digamos, predominantemente la cabeza donde se cargan las tintas del nuevo empleo para que salgan las estadísticas globales, porque en otros terrenos en los que la fuerza física es requisito se suele preferir al hombre, especialmente en la empresa privada.
Soy un defensor a ultranza de la igualdad de oportunidades, pero no de la igualdad por ley. Me parece una memez esto último. Para manejar una grúa tanto vale un hombre como una mujer, pero para descargar a hombros la carga de un camión de mercancías no (salvadas las excepciones de rigor). Hoy por hoy hay trabajos en los que su perfil requiere fuerza y resistencia física y, por tanto, parece obvio que las mejores oportunidades las tengan los hombres. En los demás, que gane quien mejor preparación tenga, no el sexo (en el sentido genérico, claro; y esto me recuerda una encuesta cachonda que hizo mi amiga Reme hace unos años, de la que hablaré en el próximo artículo).
Igualdad, claro está, como reivindicación de la mujer en las esferas del trabajo, la protección frente a la violencia, etc. Al principio me ha hecho gracia. Luego, pensando más serenamente, me he quedado un tanto perplejo.
Pertenezco desde hace muchos años a ese extraño mundo del funcionariado, desempeñando mi carrera en dos centros de trabajo: un gran museo y la universidad. En el museo, por lo que se refiere a técnicos superiores, ellas nos ganan en número en una proporción de 20/6. En el resto de personal, unas 150 almas, la proporción hembras/varones es aproximadamente de 2/1. Hay una sección en particular, la de mozos de movimiento de obras de arte, en la que trabajan dos mujeres y dos hombres (¡vaya, aquí si hay igualdad!). Pero resulta que las féminas, aduciendo su condición de tales, no pueden (o quieren, ¿quién sabe?) realizar esfuerzos, lo cual sobrecarga de trabajo a los varones por un mismo sueldo y, en casos extremos, obliga al museo a contratar temporalmente mozos (varones) de fuera para realizar ciertos trabajos, digamos, pesados. ¿Igualdad? En el claustro de la universidad ellas nos ganan en la proporción 3/2.
No quiero decir con esto que esté en contra de las reivindicaciones de la mujer. Nada de eso. Pero sí estoy rotundamente en contra de la tiranía de la estadística. Ya no es cierto, al menos en la Administración, que sea el reino y gobierno del macho. Mires hacia donde mires ellas nos ganan en número y a menudo en galones. Pero no me parece injusto porque, para la mayoría de las tareas administrativas o de investigación y docencia, el cerebro de la mujer está en igualdad de condiciones que el del varón. Bueno, en realidad pienso que los cerebros no se diferencian genéricamente; son otras cualidades las que establecen diferencias. Pero es en ese terreno de profesionales que usan, digamos, predominantemente la cabeza donde se cargan las tintas del nuevo empleo para que salgan las estadísticas globales, porque en otros terrenos en los que la fuerza física es requisito se suele preferir al hombre, especialmente en la empresa privada.
Soy un defensor a ultranza de la igualdad de oportunidades, pero no de la igualdad por ley. Me parece una memez esto último. Para manejar una grúa tanto vale un hombre como una mujer, pero para descargar a hombros la carga de un camión de mercancías no (salvadas las excepciones de rigor). Hoy por hoy hay trabajos en los que su perfil requiere fuerza y resistencia física y, por tanto, parece obvio que las mejores oportunidades las tengan los hombres. En los demás, que gane quien mejor preparación tenga, no el sexo (en el sentido genérico, claro; y esto me recuerda una encuesta cachonda que hizo mi amiga Reme hace unos años, de la que hablaré en el próximo artículo).
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sábado, 7 de junio de 2008
Suicidas
Escribo todavía bajo la fuerte impresión que me ha producido el artículo de Humberto Acciarressi sobre un suicida anónimo. Una vez más me pregunto qué profundo drama hace que una persona tome la radical decisión de quitarse la vida para liberarse de esa pesada carga que le abruma.
He tenido la desgracia de vivir de cerca, en el entorno de mis amistades, dos suicidios de jóvenes hijos de matrimonios amigos. Uno de ellos, M., con 22 o 23 años no fue capaz (pienso) de soportar la responsabilidad de ser hijo de un prestigioso catedrático de fama internacional en su especialidad y hermano de un brillante estudiante (hoy también catedrático). Porque M. no conseguía centrarse en los estudios. Tampoco se lo exigía nadie: me consta. Podía haber escogido el camino que hubiera querido para su vida y todos le hubiéramos apoyado. Peregrinó al Tibet durante varios meses, siguió por Europa los conciertos de Roxy Music, sus ídolos… Sólo mantuve con él una larga conversación una noche de su último verano, recién llegado del Tibet, regada con abundante cerveza. Me pareció un joven lleno de ilusiones. No me explico por qué una mañana de primavera, después de desayunar, decidió alojarse una bala del calibre 22 en el cerebro.
El segundo, A., manifestó desde los 13 o 14 años un rechazo patológico al sistema. Devoto de la liturgia punk, abandonó el colegio para vivir en sucesivas comunas madrileñas, dejando a unos padres angustiados e impotentes. Finalmente volvió a casa, hastiado. Sus padres le pusieron en manos de psicólogos para ayudarle. Un Día de Reyes, con 17 o 18 años, escribió una nota y se llenó el estómago de pastillas.
Ningún ser vivo decide su nacimiento. En el caso del ser humano, es fruto de la voluntad de otros. Pero una vez instalado en la vida, quizás tampoco debe decidir su propia muerte. Pero algunos lo hacen. Hoy, ahora, siento una tristeza inmensa al recordarles.
He tenido la desgracia de vivir de cerca, en el entorno de mis amistades, dos suicidios de jóvenes hijos de matrimonios amigos. Uno de ellos, M., con 22 o 23 años no fue capaz (pienso) de soportar la responsabilidad de ser hijo de un prestigioso catedrático de fama internacional en su especialidad y hermano de un brillante estudiante (hoy también catedrático). Porque M. no conseguía centrarse en los estudios. Tampoco se lo exigía nadie: me consta. Podía haber escogido el camino que hubiera querido para su vida y todos le hubiéramos apoyado. Peregrinó al Tibet durante varios meses, siguió por Europa los conciertos de Roxy Music, sus ídolos… Sólo mantuve con él una larga conversación una noche de su último verano, recién llegado del Tibet, regada con abundante cerveza. Me pareció un joven lleno de ilusiones. No me explico por qué una mañana de primavera, después de desayunar, decidió alojarse una bala del calibre 22 en el cerebro.
El segundo, A., manifestó desde los 13 o 14 años un rechazo patológico al sistema. Devoto de la liturgia punk, abandonó el colegio para vivir en sucesivas comunas madrileñas, dejando a unos padres angustiados e impotentes. Finalmente volvió a casa, hastiado. Sus padres le pusieron en manos de psicólogos para ayudarle. Un Día de Reyes, con 17 o 18 años, escribió una nota y se llenó el estómago de pastillas.
Ningún ser vivo decide su nacimiento. En el caso del ser humano, es fruto de la voluntad de otros. Pero una vez instalado en la vida, quizás tampoco debe decidir su propia muerte. Pero algunos lo hacen. Hoy, ahora, siento una tristeza inmensa al recordarles.
miércoles, 28 de mayo de 2008
Dos años en la "blogosfera"
Hace unos días, el 15 de mayo, día de San Isidro, se cumplieron los dos años de actividad de este blog. Los aniversarios, en general, siempre me han dejado indiferente. No es por ninguna fobia al paso del tiempo, no: las manecillas del reloj se mueven pese a quien pese. Además, he escrito indiferente, no enrabietado o malhumorado. Me gusta celebrar aquellas situaciones que lo merecen, no el simple hecho de alcanzar tal o cual fecha. Aunque alguien podría decir que, a mi edad, cumplir años se convierte en un reto, no es mi caso. O, visto desde mi ángulo, tendría que celebrar cada instante que pasa. Ciertamente, algo de eso hay porque la alegría de estar vivo me acompaña hasta en los malos momentos (que siempre hay).
Dos años en la blogosfera me han deparado entretenimiento, conocimientos y no poca diversión. Y también amistades que están más allá o fuera del mundo virtual: ellos/as saben a qué me refiero.
Dos años en la blogosfera me han deparado entretenimiento, conocimientos y no poca diversión. Y también amistades que están más allá o fuera del mundo virtual: ellos/as saben a qué me refiero.
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lunes, 19 de mayo de 2008
Cultura y producto cultural
“La cultura sucumbe bajo el volumen de la producción, la avalancha de letras, la locura de la cantidad”.
(M. Kundera: La insoportable levedad del ser, cap. 5)
He leído varias veces esa novela por el goce disidente con quien piensa que la vida de cada cual es esencialmente insignificante y sentirla tan leve le resulta insoportable. Para mí en esa levedad está la maravilla de sentirme vivo, no la angustia de saberme inútil. Me tranquiliza. Pero no es de eso de lo que quería hablar. En esta lectura me he detenido a pensar en la frase entrecomillada que abre esta entrada.
La frase encierra una verdad a medias. Es cierto que vivimos desde hace años inmersos en un mercantilismo que afecta también a los procesos de producción artística en sentido lato, y esa productividad tutelada ha afectado sobre todo a los países socialistas en los que el “producto cultural” se ha intentado (vanamente) ponderar en términos de determinismo social. El modelo o la idea de cultura de Kundera, más cercana quizás al ideal renacentista de lo artístico, se ha visto ahogada por el panfletarismo, por la cultura de masas.
En el occidente del libre mercado la avalancha de productos culturales se pondera, en primer lugar, en términos de royalties, de beneficios económicos, y, en segundo lugar, como incidencia en la sociedad a través de un complejo maridaje que cierra el ciclo con trabazón de mercadotecnia.
Pero en ambos casos, aunque desde presupuestos diferentes, el creador de productos culturales no es un ser libre e independiente sino un trabajador mediatizado.
Sin embargo, al contrario de lo que expone el pensamiento de Kundera (de ahí su verdad a medias), la cultura es un concepto, una infraestructura que no puede sucumbir en modo alguno. Podrán hacerlo determinados rasgos culturales, pero no la cultura.
Con el paso del tiempo las sociedades (los verdaderos pilares de la cultura) van depurando esas toneladas de productos culturales y arrojando al muladar lo que resulta inservible, que suele ser mucho. La Historia es una dura censora, al fin y al cabo.
(M. Kundera: La insoportable levedad del ser, cap. 5)
He leído varias veces esa novela por el goce disidente con quien piensa que la vida de cada cual es esencialmente insignificante y sentirla tan leve le resulta insoportable. Para mí en esa levedad está la maravilla de sentirme vivo, no la angustia de saberme inútil. Me tranquiliza. Pero no es de eso de lo que quería hablar. En esta lectura me he detenido a pensar en la frase entrecomillada que abre esta entrada.
La frase encierra una verdad a medias. Es cierto que vivimos desde hace años inmersos en un mercantilismo que afecta también a los procesos de producción artística en sentido lato, y esa productividad tutelada ha afectado sobre todo a los países socialistas en los que el “producto cultural” se ha intentado (vanamente) ponderar en términos de determinismo social. El modelo o la idea de cultura de Kundera, más cercana quizás al ideal renacentista de lo artístico, se ha visto ahogada por el panfletarismo, por la cultura de masas.
En el occidente del libre mercado la avalancha de productos culturales se pondera, en primer lugar, en términos de royalties, de beneficios económicos, y, en segundo lugar, como incidencia en la sociedad a través de un complejo maridaje que cierra el ciclo con trabazón de mercadotecnia.
Pero en ambos casos, aunque desde presupuestos diferentes, el creador de productos culturales no es un ser libre e independiente sino un trabajador mediatizado.
Sin embargo, al contrario de lo que expone el pensamiento de Kundera (de ahí su verdad a medias), la cultura es un concepto, una infraestructura que no puede sucumbir en modo alguno. Podrán hacerlo determinados rasgos culturales, pero no la cultura.
Con el paso del tiempo las sociedades (los verdaderos pilares de la cultura) van depurando esas toneladas de productos culturales y arrojando al muladar lo que resulta inservible, que suele ser mucho. La Historia es una dura censora, al fin y al cabo.
lunes, 5 de mayo de 2008
Por tierras cátaras
He estado unos días de viaje por el sur de Francia por motivos profesionales, pero como tengo la suerte de tener un trabajo que me permite hasta cierto punto ser dueño de mi tiempo, he podido hacer un largo recorrido por las tierras que los franceses llaman “Pays Cathare”, es decir las antiguas tierras de la Occitania romana. Y ante las imponentes ruinas de la fortaleza de Carcasona uno no puede dejar de pensar en aquellos “hombres buenos” masacrados por la gula y el pecado de la carne de la Iglesia romana.Porque los cátaros fueron, ante todo, cristianos puros que renunciaban a la posesión de los bienes materiales. Ni siquiera arremetían contra los clérigos pervertidores de las enseñanzas evangélicas. Pero su ejemplo era un señalamiento continuo de la vida disipada de la jerarquía eclesiástica desde el papado a los frailes libertinos. Y esto era algo que los rollizos representantes de Dios en la tierra no podían tolerar. A partir del siglo XIII los herejes cátaros (también llamados albigenses) fueron pasados a cuchillo o quemados en la hoguera de la Santa Inquisición a millares. De entonces es aquella frase del legado papal cuando, tras la rendición de Beziers, ordenó que se matara a toda la población (unas 30.000 almas) “…que Dios ya sabrá escoger a los suyos”.
La historia de la Iglesia católica está llena de páginas sangrientas, de decisiones equivocadas, de ilegalidades cometidas en el nombre de lo más sagrado… Pocas instituciones de tan larga vida han hecho tanto por camuflar y ocultar su memoria histórica so pretexto de que el mensaje evangélico es un mensaje siempre actual, de los vivos.
Pero estos días pasados por tierras cátaras he sentido de algún modo la vibración de tantos mártires asesinados por acogerse fielmente a las enseñanzas del Sermón de la Montaña. Ahora que, de cuando en cuando, la Iglesia oficial entona tímidamente algún “mea culpa” (la histórica vejación del pueblo judío o los escándalos de cariz sexual de algunos clérigos norteamericanos), no estaría de más que se airearan las mentiras de la “Santa Inquisición”, se hiciera un lugar para los cátaros en el Día de Todos los Santos y se apeara del santoral a algún mastuerzo como San Bernardo de Claraval.
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sábado, 19 de abril de 2008
Cuarta transgresión: El ideario anti-feminista de Berlusconi
¡Menudo revuelo se ha armado con las declaraciones de Berlusconi! El flamante nuevo Primer Ministro de Italia se ha despachado a sus anchas en una entrevista arremetiendo contra la idea (y el hecho) de que la mujer deje de ser la esclava doméstica tradicional y se convierta en profesional con capacidad decisoria en asuntos técnicos, económicos y políticos. En particular lanzó jocosas alusiones a la política española de procurar la paridad (igual número de hombres que de mujeres) en los cargos públicos.
Dejando aparte que la paridad no acaba de ser del todo justa porque, si no estoy equivocado, hay más hembras que varones en la población española, de lo que se sigue que, en términos estadísticos y de igualdad potencial, habrá más hembras capacitadas que varones, creo que el acceso a cargos de responsabilidad debería tener poco que ver con el género y mucho con la valía personal. Pero, ciertamente, los países ribereños del mar Mediterráneo arrastran una larga historia de machismo imposible de borrar de un plumazo. Algo se va avanzando, es cierto, hacia posturas mentales menos radicales.
Pero ejemplares faunísticos como Berlusconi nos traen de pronto a primer plano posturas de intolerancia en el más puro estilo del "fascio redentor". Y es que si no fuera multimillonario (lo cual significa que no es tonto) y Primer Ministro (para ser político no hace falta ser muy inteligente), le iría bien el oficio de chulo de putas.
Dejando aparte que la paridad no acaba de ser del todo justa porque, si no estoy equivocado, hay más hembras que varones en la población española, de lo que se sigue que, en términos estadísticos y de igualdad potencial, habrá más hembras capacitadas que varones, creo que el acceso a cargos de responsabilidad debería tener poco que ver con el género y mucho con la valía personal. Pero, ciertamente, los países ribereños del mar Mediterráneo arrastran una larga historia de machismo imposible de borrar de un plumazo. Algo se va avanzando, es cierto, hacia posturas mentales menos radicales.
Pero ejemplares faunísticos como Berlusconi nos traen de pronto a primer plano posturas de intolerancia en el más puro estilo del "fascio redentor". Y es que si no fuera multimillonario (lo cual significa que no es tonto) y Primer Ministro (para ser político no hace falta ser muy inteligente), le iría bien el oficio de chulo de putas.
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