jueves, 31 de agosto de 2006

31 de agosto: día del blogger



¡Caramba!, me acabo de enterar que hoy es el Día del Blogger 2006. Claro, como soy tan novato no estoy al corriente de estas efemérides.

Se dice que es costumbre recomendar cinco blogs de temática variada, así que llevo más de dos horas haciendo una quiniela para decidir qué cinco selecciono. Serán los siguientes:

Mr. León:
http://huellasmil.blogspot.com/
Dotado de excelente pluma, habla de sus experiecias personales, sentimientos, etc. Es una delicia leer su prosa pero, sobre todo, meditarla.

Marga:
http://cajondesastremarga.blogspot.com/
Su Cajón Desastre es un magazine lleno de las cosas más inesperadas, reales como la vida misma. Si al lector no se le alegra el corazón y se le escapa una sonrisa (a veces carcajada) es que es una máquina cibernética.

Aristóteles:
http://comunikacion.blogspot.com/
Sus entradas son para reflexionar... y mucho. Es cura, pero no se le nota apenas.

Medeo Mandarino:
http://inhomoveritas.blogspot.com/
Glamouroso, introspectivo, vitalista, afectivo, apasionado. Sus experiencias "tocan".

Swirlies:
http://palmstars.blogspot.com/
Adolescente espabilado como pocos, expresando con valentía su propia vitalidad y las ganas de afirmar su personalidad. Soprende la claridad de sus ideas. Musiquero, como no podía ser menos.

Ya me diréis si os he decepcionado. En todo caso, los comentaristas de mis entradas anteriores suelen llevar adelante excelentes blogs de temática muy variada y espero que otros más inteligentes que yo les saquen a la palestra. Os invito a visitarlos.

domingo, 27 de agosto de 2006

Nostalgia y angustia

Soy un joven blogger (que no un blogger joven, ¡ojo!). Apenas si he cumplido unos pocos meses en el negocio. Y, si he de seros sincero, caí aquí por curiosidad y algo de aburrimiento. Internet siempre ha sido para mí una herramienta complementaria que me servía para efectuar búsquedas bibliográficas, consultar bases de datos profesionales y mantener correspondencia rápida e intercambio de información por correo electrónico. Mis conocimientos de informática son los de un usuario medio tirando a zoquete. Mi generación es todavía de las del lápiz y el papel, no de la computadora y eso se nota, aunque he de decir en mi descargo que hace más de veinte años que “descubrí” su potencial y, aunque soy de Humanidades, no de Ciencias, la traté de incorporar a mis quehaceres. Mi primer ordenador fue un IBM con disquetera de 8”, sin disco duro, con 500K de RAM. Y me costó aproximadamente unas treinta veces más caro que un último modelo medio actual con unos cuantos periféricos.

Pero a finales de febrero pasado un amigo muy querido, un joven que se destetó jugando ya con ordenadores tenía problemas y, para mantener conversaciones en tiempo real, me enseñó que existía una posibilidad que se llama Messenger, etc, etc. Durante mucho tiempo mantuvimos largas charlas a diario hasta las tantas de la madrugada. Poco a poco, conforme los problemas se fueron solucionando o derivando hacia otros derroteros, las conexiones se espaciaron pero yo seguía conectando el Messenger por si quería comunicarse conmigo. Durante aquellas largas esperas, muchas tardes infructuosas, comencé a jugar con MSN Spaces y acabé enganchándome a Blogger.

A lo largo de esos meses he contactado virtualmente con muchos corresponsales, algunos comentaristas habituales de mis entradas y, como cuando vas construyendo un puzzle, a través de sus respectivos blogs y de sus comentarios te vas formando una imagen de sus formas de ser y de pensar, y también de algunas de sus fijaciones y problemas. Un blog tiene más de diván de psicólogo que de escaparate, aunque hay de todo y algunos parecen ser ambas cosas. A mí los escaparates me interesan poco. Y por fin llegamos al meollo del tema de hoy, tras una larga justificación quizás innecesaria.




En mi última entrada han habido algunas personas jóvenes, veinteañeras, que han hablado en sus comentarios y apostillas de nostalgia (o sus sinónimos) a veces con ciertos toques de angustia (estoy haciendo verdaderos esfuerzos para no escribir sus alias). Que alguien sienta nostalgia, sea joven o viejo, a través de sus recuerdos no es nada extraordinario. Para eso están los buenos recuerdos, para traernos a la memoria aquellos momentos que vivimos y disfrutamos en un rabioso presente ya pretérito. Pero la angustia... La angustia tiene algo como de insatisfacción o miedo o disconformidad con la situación actual. Es la expresión de aquel (equivocado) viejo tópico que refrescara Jorge Manrique en sus Coplas...: “Cualquiera tiempo pasado fue mejor...”

¿A los 20 años? ¡Y un cuerno...! ¿Justo cuando uno está tomando las riendas de su vida y casi a diario estrena nuevos sentimientos y situaciones el pasado va a ser mejor? ¡El otro cuerno...! Pero los hechos son los hechos y si hay angustia es que existen también sus razones.

Quizás es que vivimos demasiado aceleradamente y todo pasa tan vertiginosamente que, en el fondo, no acabamos de degustarlo, de paladearlo y necesitamos de su recuerdo para acabar de digerirlo. “Lo malo de los orgasmos -me decía alguien cercano- es que son tan breves...”. El paradigma es inapropiado, por eso lo he utilizado. Sería un error de cuentas considerar el devenir como una fiesta constante. Hay tanta competitividad en el medio urbanita en el que nos desenvolvemos la mayoría de nosotros, que los jóvenes temen no encontrar su espacio o no ser capaces de encontrarlo. Y no me estoy refiriendo sólo a la esfera profesional: hablo sobre todo de las relaciones interpersonales provechosas, del amor, de la amistad, de la salsa milagrosa del sexo.

Dice el subtítulo de una blogger inteligente (cito de memoria): “¿Qué pasaría si se declara una guerra y no fuéramos nadie?”. Transponiendo términos, ¿qué pasaría si dejáramos de empujarnos unos a otros, de competir por menudencias y decidiéramos vivir con intensidad el presente, compartiéndolo, con la ilusión puesta en el futuro y no en el recuerdo del pasado aunque sea muy agradable? Parece una paradoja que lo diga yo, que ya sólo me quedan cuatro cortes de pelo, ¿verdad?

Mientras lo decidimos os doy las gracias a todos los bloggers por permitirme conoceros un poco mejor cada día. Ah, y por soportar tan estoicamente estas peroratas.

domingo, 20 de agosto de 2006

Alguna vez tuve 17 años... y era verano



Dicen que el mal de Alzheimer comienza a manifestarse en que uno olvida o no es capaz de retener en la memoria sucesos de su vida actual y en cambio recuerda perfectamente lo ocurrido en su niñez. No creo que me esté dando ya ese mal (aunque a veces tengo lapsus que me preocupan), pero llevo varios días en los que acuden a mi memoria con cierta insistencia imágenes y recuerdos de hace muchos años.

Tiene su razón de ser, no crean. De un tiempo a esta parte estoy empeñado en reprografiar mi archivo fotográfico para pasarlo a formato digital y quitarme de en medio las carpetas y archivadores en las que guardo más de 40.000 documentos gráficos, entre fotografías, negativos y diapositivas. Como decía aquel viejo bolero, “toda una vida...”. Lo hago en mis pocos ratos libres y ahora, en verano, es cuando de más dispongo.

Decía que tiene su razón de ser ese revival porque estos días he estado copiando las fotos y carretes de los años 60 del siglo pasado, de finales de mi adolescencia y comienzos de la juventud. Pura prehistoria, diréis alguno de los jóvenes lectores de este espacio público.



Me crié en un pueblo de la costa de Valencia de casas bajas y calles la mayoría sin empedrar, situado en medio de una huerta exuberante de un verde lujurioso, cuidada como un jardín en unas tierras fertilísimas. El pueblo se llama Gandía y estaba a tres kilómetros de la que fue una de las playas más hermosas que he conocido (las tropicales aparte).

Por aquel entonces estudiaba bachillerato (de los de antes, de siete años) y durante las vacaciones de verano trabajaba (cuando ya fui algo mayor) de cajero en un supermercado de la Colonia Ducal, en la playa, que sólo abría en época estival. Me ganaba unas perrillas para tirar con mis pequeños vicios el resto del año y, como les relataré en parte, sacaba algo más, no tanto por el mercadeo como por la edad, las hormonas, la playa y otras circunstancias favorables.

Aquellos años fueron el comienzo del boom del turismo extranjero de playa en España. Venían a buscar buen sol, ambiente confortable (aunque un tanto rústico para sus gustos) y comida mediterránea, todo ello tirado de precios para los niveles económicos de sus países. Pronto descubrieron otros alicientes y se lanzaron a su disfrute sin ningún recato. Franceses, alemanes, ingleses y nórdicos (incluyendo a las míticas suecas) comenzaron a poblar con sus looks imponentes y sus extrañas lenguas aquellos parajes virginales a los que, si acaso, aparte de los lugareños del entorno, sólo venían los alcoyanos y algún que otro madrileño. A estos últimos se los distinguía fácilmente porque sus frases siempre comenzaban o terminaban con algún “¡coño!”, interjeción absolutamente desusada por no decir que desconocida en mi tierra.



Imagínense el panorama (si la metáfora no les queda demasiado trasnochada): carne fresca de importación luciendo los primeros bikinis que el forzosamente casto varón hispánico tenía ocasión de contemplar sobre una percha semoviente, jóvenes nativos con la testosterona saliéndosenos hasta por los ojos y, en mi caso, además, con un puesto de privilegio en el único supermercado de la única colonia residencial poblada de extranjeros y con un físico que aparentaba una edad algo mayor que la oficial. Lo que tenía que pasar, pasó... Era inevitable.

Había dos salas de baile en la playa (salas de fiestas, las llamábamos) que abrían hasta la madrugada: Ukako, más corrientucha, y Pepe, muy encopetada. Por allí pasaron el Dúo Dinámico, José Guardiola, Los 5 Latinos, Los Mustang, Los 3 Sudamericanos, Los TNT, Los Pekenikes, Adriano Celentano, Los Sirex, Les Surf, Italo Leone, Domenico Modugno, Marie Laforet, Mina, Ennio Sangiusto, Los Panchos y un largo etcétera. Eran tiempos de los omnipresentes rock&roll y cha-cha-chá y de los nuevos ritmos, el twist, el madison, la yenka, el limbo-rock, la bossa nova... Pero también de las apasionadas baladas italianas: Nata per me, Si e‘ spento il sole, Dio come ti amo, Ciao, ciao bambina, Luna caprese... Combustible muy inflamable empapando cuerpos ya de por sí ardientes.

La fiesta terminaba irremisiblemente en la cálida madrugada buscando con cierta premura un lugar apartado donde echar los venenos, en la playa (los fines de semana no era fácil encontrarlo, así que había que compartir espacio con alguna pareja vecina, cada cual a lo suyo) o en los huertos cercanos, acosado por todas partes por alguna celta o vikinga liberada. ¡Ah, la leyenda europea del macho ibérico!... Algo me decía que había que cumplir con ese sagrado deber patrio en pro del turismo como futura riqueza nacional, en una España bastante deprimida que apenas si estrenaba plan de desarrollo a lo López Rodó por aquellos años, aunque ello menguara un poco nuestro capital como reserva espiritual de Occidente. Los preservativos los traían ellas (en mi pueblo no había manera de encontrarlos) y si no, "a pelo" (decían que tomaban la pilule, sustituto que me parecía mano de santo). Allí aprendí a chapurrear algunas lenguas que luego he conseguido hablar con bastante corrección ampliando el vocabulario.

Después, a dormir unas pocas horas... y a la caja. Había días que las teclas se me hacían chiribitas. Mi madre (¡ah, las sagaces madres...!) me llevó al médico a finales de agosto porque, según ella, me veía muy mala cara. El bueno de don Javier, con ese excelente ojo clínico de médico de toda la vida, sonrió al verme y me despachó en dos minutos con varias recetas de preparados polivitamínicos. "Hay que ayudar a la Naturaleza, perillán" -dijo, dándome una colleja cariñosa.

Esa fiebre canicular me duró un par de veranos, con breves correteos intermedios en Semana Santa. Luego surgió Ella y me redujo a la monogamia, afortunadamente.

Es bonito recordarlo por si me diera el Alzheimer.

Sí, alguna vez yo también tuve diecisiete años y era verano...

(PS. Estoy muy agradecido a Ostra por sus acertados consejos para insertar las imágenes prescindiendo de la opción de Blogger, que no me deja, y utilizando photobucket.com. Pido disculpas a los visitantes que no lo vieron ilustrado desde el primer momento)

viernes, 18 de agosto de 2006

Horóscopos


Diréis que soy un descreído y no sería totalmente cierto. Creo en muchas cosas que todavía no he tenido oportunidad de ver. Pero sé que están en un lugar concreto al que se puede llegar y luego regresar a casa. También creo en los sentimientos humanos, procurando potenciar los que me parecen positivos (afectos, amor, amistad...) y mantener bajo mínimos sus opuestos.

Soy religioso a mi manera (que también es la de otros muchos) sin sentirme vinculado a ningún credo en concreto, porque no creo en la trascendencia del ser humano. Se me podría definir como agnóstico, aunque trato de seguir algunos de los preceptos de las filosofías religiosas más diversas en lo que tienen de coincidente sobre normas de conducta que pueden mejorar el comportamiento y las relaciones entre las personas.

Desde hace una veintena de años vienen proliferando en España los consultorios de echadores de cartas, adivinadores del futuro y elaboradores de horóscopos. Hay quien dice que se alimentan de una fauna de pobres de espíritu que necesitan de esa orientación para vivir. Yo no me atrevería a ser tan tajante, aunque algo falla en los clientes. Quizás falla la confianza en ellos mismos para afrontar los retos diarios. O sienten esa curiosidad morbosa por anticiparse al futuro. O piensan que su destino está ya escrito en algún archivo que tratan de descifrar.

No creo en los horóscopos pero hoy me he entretenido visitando varias páginas para ver lo que el destino me tenía preparado. Veamos los resultados.

Horóscopo A:

MENSAJE. La energía adicional no es suficiente para librarse de las malas condiciones que le acosan. Los problemas vienen marcados por el exceso de optimismo y confianza. (¡Cielos, estoy siendo acosado y yo sin saberlo! Algo me decía que soy demasiado confiado)

TRABAJO. Encontramos un excelente crítico, que manifiesta la necesidad de comunicarse para triunfar en la profesión elegida. Fuerte influencia en asuntos relacionados con seguros y garantías, con posibilidad de engaños. (Cierto: soy docente e investigador y he de ser crítico y capaz de comunicar; lo de triunfar es otra historia. En temas de finanzas, cero pelotero)

VIDA SENTIMENTAL. En ninguno de los casos es bueno para las relaciones afectivas estables, aunque, por sí sola, es una influencia más bien genérica que específica. Otras aflicciones más graves pueden indicar peligro de difamación y calumnia. (Voy a ser difamado ¡paciencia! La primera parte no la acabo de entender)

SALUD. Un principio importante consiste en efectuar las comidas dentro del mayor sosiego, sin precipitaciones ni pausas por distracciones inútiles. (Gran principio, sí señor: comer despacio, masticando bien y sin pararse por los sustos de las telenoticias)


Horóscopo B:

Habrá ciertas personalidades poderosas manifestándose a tu alrededor. Las personas pueden armar lío y hablar apasionadamente y hasta en forma agresiva. Puede resultar fácil dejarse llevar por estas discusiones acaloradas. Haz lo más que puedas para no involucrarte. Te sentirás mejor si te mantienes al margen y observas estos dramas desde afuera. De esta manera, ¡al final del día puedes volver a casa con tu humor positivo intacto! (Me mantendré callado, lo prometo)


Horóscopo C:

Tu forma de amar es tan intensa que en determinados momentos puedes llegar a obsesionarte. (Pondré freno a mis amores apasionados. Ya no estoy para obsesiones amatorias, que me puede subir la tensión arterial y darme un infarto orgásmico)

Respecto a tu salud; evita los malos entendidos y los disgustos gratuitos. (Sabias palabras, específicas para un Virgo como yo que siempre entiende mal las situaciones y pilla grandes berrinches sin venir a cuento)

Mercurio y el Sol transitando por tu casa doce indica que tendrás que atender de forma rápida a multitud de pequeños detalles en lo que se refiere a tus asuntos de trabajo. (Es una relación evidente: los astros se van de pingos por mi casa 12, la de "Té de mi Luna de Agosto", y yo a enfrentarme a mi detallista trabajo, justo ahora que toda la Administración española está de vacaciones y apenas tengo nada que hacer en el despacho)


Horóscopo D:

No sientes ningún miedo en aventurarte por las sendas del conocimiento de temas tan trascendentales como la muerte o el sexo. (No tengo palabras. ¡Qué sagacidad! Porque es cierto, hace años que perdí el miedo a la muerte. En lo del sexo yerra: no por miedo sino por la edad. Ya no estoy para buscar y ensayar nuevas posturitas)


Horóscopo E:

Cambie su imagen. Visite a su peluquero y modifique el corte y el color de su pelo. Pruebe con otro tipo de ropa. (OK)

Salud: Su salud será hoy inmejorable. Después de unas semanas malas volverá usted a recobrar su espíritu optimista. (Ardo en deseos de que pase esta mala racha y volver a ser la persona optimista que he sido siempre)

Dinero: Busque algún trabajo que le permita mejorar en su situación económica. Posibilidad de un gasto extra en las próximas semanas. (Sí, estaré de vacaciones, derrochando. Lo de un trabajo extra no es tan fácil. Con el museo y la universidad no me quedan muchas horas libres. Además, tampoco es tan apremiante mi situación, ¡caramba!)

Amor: Poco a poco comienza a olvidar los problemas con su pareja. Debería realizar algún viaje de placer en su compañía. (¿Veinte años son suficientes? Lo del viaje no estaría mal, si estuviera en este mundo)

En fin, escojan ustedes. Yo me aburro... Pero no me burlo. El mundo es ancho y redondo, con espacio para todos.

miércoles, 9 de agosto de 2006

"Dasvidania Moskba"

San Basilio, vista desde la Plaza Roja
Decía en una entrada anterior del blog que este verano sería tiempo de adioses, de despedidas. He estado unos días en Moscú, rematando flecos de un proyecto hispano-ruso de investigación arqueológica que me ha tenido periódicamente en Rusia desde hace casi quince años. Gracias a él he conocido las dilatadas estepas de la Siberia occidental, casi despobladas, las inmensas praderas solitarias que nuestras expediciones han ido recorriendo en los periodos en que la ausencia de hielo lo permite. He conocido también a un puñado de excelentes colegas rusos y, con el tiempo y el agotador trabajo de campo, se han forjado sólidas relaciones personales más allá de los puros intereses científicos.

He conocido la dura transición económica que se produjo con la caída del régimen comunista y la perestroika: el hambre y la miseria de millones de rusos a principios de los años 90 del siglo pasado, totalmente desamparados ante un sistema de capitalismo feroz dominado por las mafias políticas y económicas. Actualmente la situación se ha suavizado mucho gracias a que Rusia es un país enorme y rico en recursos naturales.

Yo admiro al ruso medio, ese personaje doliente que lleva siglos siendo apaleado, primero por la monarquía zarista, luego por el régimen comunista y ahora por el capitalismo desaforado. Un pueblo sistemáticamente engañado, maltratado.

No es una anécdota. Yo he sido testigo. Con la crisis de la perestroika entraron a saco las compañías norteamericanas y coparon las televisiones. Comenzaron a emitirse las series televisivas que los occidentales sufrimos en los años 90. El pueblo ruso, aleccionado durante decenios por consignas en las que se decía que el modo de vida occidental era perverso, antinatural y degradante abrió los ojos como platos al comprobar el modus vivendi de los protagonistas de series como “Falcon Crest” y similares. El resultado fue que los jóvenes se echaron a la calle gritando que, puesto que la URSS era la primera potencia mundial según decían sus gobernantes, querían un nivel de vida similar al de los perversos occidentales: amor, sexo y lujo a todo trapo para todos.

La vuelta de la tortilla rusa es uno de los espectáculos más bochornosos que uno ha podido contemplar. Al Partido Comunista ruso sólo podían pertenecer una élite de probados sinvergüenzas sin escrúpulos de la calaña de Pepe Stalin y “compañeros”. Yo me sorprendí al comprobar que en Rusia casi nadie era comunista. Simplemente tragaban con el sistema porque si se oponían sabían que acabarían en alguna fosa sin nombre o en los campos de trabajo de Siberia. En Moscú, los alrededores del edificio de la Lubjanka, el cuartel general de la KGB, sigue siendo un lugar por el que la gente común evita pasar. Demasiada tortura, demasiados asesinatos gratuitos en sus mazmorras. Las generaciones actuales aún no lo han olvidado. Como no olvidan que sus gobernantes siguen siendo las mismas personas de antes, con trajes nuevos y coches de modelos europeos de lujo. Pero algunas cosas sí han cambiado: el ascenso al poder y la alianza coercitiva de la religión cristiana ortodoxa. Hasta tal punto la paradoja es sangrante que entre la nueva clase media está muy mal visto hablar contra la religión y contra los popes que hace quince años propalaban “ideas venenosas”.

Los mismos que se llenaban las pecheras de medallas por servicios al comunismo no dudaron ni un segundo en decapitar, defenestrar y volar con dinamita a sus propios ídolos, que han sido eliminados alegremente de su memoria histórica. Pude visitar en 1993 un inmenso cementerio donde se acumulaban las estatuas de todas las viejas ratas, tras retirarlas de sus antiguos emplazamientos en lugares de honor de la ciudad. Sólo Lenin se ha librado de esa quema de brujas, quizás porque fue represaliado por la inmensa máquina que él mismo había creado. Algo parecido a lo que le ocurrió a Danton con la Revolución Francesa. También K. Marx ha sido respetado, como ideólogo al que nunca siguieron al pie de la letra los comunistas.

Moscú es una ciudad triste, aunque se la intenta maquillar de lo contrario. Estos pocos días que he estado en ella me he ido despidiendo de lugares que probablemente no volveré a pisar. La calle Arbat y ese tranquilo café italiano en el que he pasado horas de conversación inolvidables; la Plaza Roja, junto al Kremlin, con la faraónica tumba de Lenin en granito rojo (no podía ser de otro color), antes pregrinación obligada de todo buen ruso, hoy un atractivo turístico más aunque en sus colas todavía se puede encontrar a algún nostálgico; los almacenes GUM, ahora colonizados por las marcas más caras de alta costura y cosmética internacionales (ciertamente, los GUM siempre fueron unos almacenes elitistas, antes de la gente del Partido y sus amiguetes; ahora de los nuevos ricos); y San Basilio, esa joya de la arquitectura religiosa rusa con cuya imagen abro esta entrada, y que nunca he podido evitar que me recordara unos cucuruchos de helado, en una nueva perspectiva gracias a que este año han derribado el megalocéntrico Hotel Rossia (6.000 habitaciones) cuya horrible arquitectura de los tiempos de Kruschev ocupaba toda la trasera de San Basilio vista desde la Plaza Roja; la Galería Tretiakov, que guarda grandes tesoros de las artes plásticas rusas de todos los tiempos... Dasvidania Moskba (adiós Moscú).

Como comprenderéis, después de tantos años hay muchos lugares de los que despedirse. Y también personas, aunque todos aparentamos allí que era como una despedida más “hasta el año que viene...”. Pero para mí, recordar aquellas canciones populares rusas (siempre tristes) que aprendí con ellos en las noches de melopea provocada por la vodka, en las frías noches de Kargaly, ha sonado a un adiós definitivo. Tempus fugit...

viernes, 4 de agosto de 2006

Esteatopigia

Venus de Willendorf

Paseaba esta mañana por la calle Serrano, en Madrid, camino del museo cuando no he podido evitar fijar la mirada en una chica joven, de unos 25 años, obesa, extraordinariamente obesa que caminaba con dificultad unos pocos metros delante de mí. Instantáneamente me ha venido a la memoria la Venus de Willendorf, esa estatuilla de caliza que talló algún artista de la Edad de la Piedra hace más de 25.000 años.

Los arqueólogos las llamamos Venus o diosas esteatopigias por ese exceso de grasa que engorda toda su anatomía corporal hasta límites casi monstruosos. Se han encontrado ejemplares en algunas cuevas europeas muy distantes unas de otras, lo que hace suponer que realmente representaron una idea, un modelo de belleza femenina muy extendido entre los cazadores paleolíticos. Se las suele asignar un papel de diosas madres que acumulan en su propio cuerpo los recursos alimenticios suficientes para la gestación y los largos periodos de lactancia de los bebés.


Pero volvamos a la actualidad. “Sobre gustos no hay nada escrito”, reza el refrán. Y he de reconocer que entre las flacas famélicas y las rellenitas, mis gustos se inclinan más por las redondeces de las modelos rubensianas que por las angulosidades anatómicas tan de moda actualmente entre la “glamourosa” beautiful people. Ya digo, cuestión de gustos.

Estéticas aparte, la obesidad, sea del género que fuere, conduce a problemas médicos, a patologías amplias que abarcan desde cuestiones de resistencia de materiales (los huesos y articulaciones sometidas a sobrepeso sistemático) a trastornos viscerales y hormonales. Dicen los endocrinólogos que la mayoría de los obesos/as, especialmente entre jóvenes, lo son por sus malos hábitos alimenticios, algo que se ha ido extendiendo por el mundo junto con la cocacola. Y parte de razón deben tener porque, hace muchos años, en mi juventud, sólo se veían esos bottoms espectaculares entre la gente joven de Norteamérica. En otros lugares eran excepcionales y casi siempre debidos a enfermedades hormonales. Ahora te los encuentras en casi cualquier parte del mundo. Es, parece ser, un símbolo de progreso asociable a la proliferación de la fast food.

¡Qué pena!... Porque yo sigo siendo ferviente apóstol de la comida casera (soy mediterráneo hasta el tuétano), de los alimentos naturales bien guisados y condimentados, de los vinos del terruño... Todo en su justa medida para no caer en sobrepeso.

¿Y qué me decís de la práctica del sexo con o entre personas obesas? No acabo de imaginármelo. Movimientos espasmódicos entre ondas de grasa a la búsqueda de recónditos “puntos G”. Sensaciones de ahogo.

Si seguimos a este ritmo de crecimiento de la obesidad habrá que hacer ediciones corregidas y aumentadas del Kama Sutra y del Ananga Ranga, entre otros manuales de orientación básica.

sábado, 22 de julio de 2006

"Si vis pacem para bellum"


En mis años mozos hice la “mili”, el servicio militar obligatorio. En la pared del edificio que albergaba mi compañía había un gran rótulo con la frase Si vis pacem para bellum. Hubiera sido un latín clásico más correcto bellum para pero, ¿qué queréis?, para el nivel de latín de los oficiales que disfruté, ya valía. Soy añoso pero no tanto como las legiones romanas y cuando hice la "mili" el latín ya era una reliquia para curiosos.

Si vis pacem bellum para: si quieres la paz, prepara la guerra, o prepárate para la guerra. Terrible frase. Amenazadora idea que, si bien pretende justificar la existencia de un ejército para la defensa de agresiones externas (esa sería la lectura en tiempos de paz), reconoce un hecho incuestionable: que la guerra puede entablarse en algún momento. Escarmentada lectura en un país como el mío, España, guerrero donde los haya, cuya primera generación que no ha conocido en sus propias carnes una guerra, aunque sí sus coletazos, es precisamente la mía. Espero llegar a morirme en paz sin necesidad del arrullo de trompetas, tambores y cañones.

Imagino que los judíos belicistas de Israel y los del mundo de la diáspora que les apoya tendrán esa frase muy a flor de piel, junto con otras menos solemnes, más de andar por casa como “el que da primero da dos veces”. Y ellos siempre tratan de ser los primeros y más contundentes, arropados por la superioridad tecnológica de sus máquinas de guerra y por su pretendida superioridad ideológica de pueblo escogido, que hacen que se pasen por el arco de triunfo (situado entre sus piernas, con pinjantes en lo alto) la opinión del resto de los mortales. Su texto sagrado es el Antiguo Testamento, un compendio beligerante donde los haya cuando es interpretado muy al pie de la letra. Pero ni el Israel histórico ni el moderno son excepciones, desgraciadamente. Cito a Israel sólo por sus últimas canalladas aireadas por la prensa. Hay otros muchos puntos calientes.

El mundo es injusto (antes y ahora) porque las sociedades que lo componen también lo son. Aplicando la propiedad transitiva, puesto que la sociedad la componemos individuos, se podría decir que nosotros también somos injustos. Y es posible que algo de verdad haya en ello (dejo esa discusión para otra entrada) pero, según mi percepción, la moralidad social no es la suma o el resumen o la media aritmética ponderada de las de sus componentes. Es otra cosa, algo más superestructural y teórico que trata de subsumir al propio individuo. Es el zumo, a veces ponzoñoso, que destilan los grupos de poder. La moral social no representa las moralidades individuales ni se construye desde ellas (como podría deducirse del juego democrático) sino que se elabora in vitro para adoctrinar a sus individuos, lo que da opción a una perversión de los valores y nos sitúa a todos en un pretendido infantilismo intelectual que requiere ser desasnado por el sistema, ignorando (y evitando) la libertad de escoger.

Y mientras tanto hay personas que mueren heridas por la guerra, que malditas las ganas que tenían de subir a sus cielos respectivos tan pronto, tan deprisa y sin saber por qué.

jueves, 13 de julio de 2006

Ítaca, de nuevo y siempre


Pensaba escribir acerca de las vueltas que da la vida, de las situaciones a menudo complejas de esa singladura que, en mi caso, comienza ya a ser larga. La idea de mar y de viaje me ha pasado por la cabeza e, inmediatamente, he pensado en Kavafis, ese gran poeta griego contemporáneo cuyo pálpito mediterráneo tantas veces me ha emocionado. Pensar en la vida como un viaje y asociarla a su poema Ítaca todo ha sido uno. Nadie mejor que él ha plasmado lo que hubiera intentado yo escribir. Así que lo mejor que puedo hacer es copiar a continuación sus versos.

He usado Ítaca como parábola para plantear temas de reflexión a algunos jóvenes que, rebosando vitalidad, abrían, ora pasmados, ora angustiados, sus ojos ante ese dilatado paisaje casi sin estrenar que son sus propias vidas. Muy recientemente con una persona especialmente querida.

Bueno, ahí va el poema:

Cuando emprendes el viaje hacia Ítaca
debes pedir que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas;
tales cosas en tu ruta nunca hallarás
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
Debes pedir que el camino sea largo.
Que sean muchas las madrugadas
en que con gran dicha, con gran alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
ve a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
Ten siempre en tu pensamiento a Ítaca.
Has de llegar a ella, ese es tu destino.
Pero no fuerces jamás la travesía.
Es mejor que se prolongue muchos años
y viejo ya ancles en la isla,
enriquecido con cuanto habrás ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te ofrezca más riquezas.
Ítaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella no hubieras zarpado.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si la encuentras pobre no pienses que Ítaca te engañó.
Como sabio en que te habrás convertido, con experiencia tanta,
sabrás muy bien lo que significan las Ítacas.

miércoles, 5 de julio de 2006

Demasiados demasiados

Claustro del Monasterio de Silos (1974)

Demasiado dolor mordiendo rabioso mi cansado corazón.

Demasiados juicios de valor equivocados pesando sobre mi vieja espalda.

Demasiados adioses apresurados, sin tiempo ni opción para las despedidas.

Bye, dijiste. Sencillamente.

Ya no más llanto.

Es tiempo de silencio y meditación.

Mondo cane. Arrivederci.

martes, 27 de junio de 2006

Joan Climent


El 31 de diciembre de 2004 murió Joan Climent. Había nacido en 1918 y vivió una vida azarosa pero culminada por el reconocimiento general como poeta y hombre de la cultura en el sentido más amplio del término. Dos días antes habíamos merendado juntos mientras hablaba con entusiasmo de su próximo libro de poesía ya en galeradas y me preguntaba, como siempre, por mis proyectos inmediatos. A nadie he conocido que tuviera más lejos de sí, a pesar de los años, la idea de la muerte.

Hoy he sentido la necesidad de hablar de Joan o, mejor dicho, del Sr. Climent, que es como le he tratado siempre y sólo al final, y con poca naturalidad, le llamaba Joan como él quería.

Le conocí en 1957 (por ser amigo de sus hijos Marilin y Juan Antonio) y casi desde entonces se convirtió en mi mentor para toda la vida. Con sus consejos navegué con éxito las tormentas de mi adolescencia de estudiante de bachillerato y su afecto y orientación no me han faltado durante toda su vida. Él me introdujo en el mundo de la radiodifusión en mis años mozos y me enseñó a saber estar delante de un micrófono. Él me enseñó a escribir y me obligó, amablemente, a leer a los grandes autores que fueron marcando mi proceso de maduración. Con él pasé muchas tardes de domingo leyendo poesía y escribiendo. Con él, animador incansable, asistí a numerosas tertulias literarias (siendo yo casi un chaval) en las que se leían y comentaban libros perseguidos por la dictadura franquista, de Sartre, Bataille, Nietzsche, Neruda y tantos otros.

Mi padre era un simple mecánico consciente de sus limitaciones, abierto de mente y nunca se opuso a esos contactos (de los que yo hablaba en casa). Nunca las consideró "amistades peligrosas".

De Joan aprendí la importancia de prestar ayuda a los más jóvenes, de asistirles en la búsqueda de sus caminos, aun a riesgo de involucrarme en sus vidas. Pero procurando siempre ser leve, casi sin que se note mi presencia.

Quizás por eso he recordado un verso suyo de la primera época, del libro Sonido en la sombra (1956):

Como el aire. Tú eres como el aire
más suave. En envolventes, tenues, finas
manos hasta mi cuerpo llega el aire.
Y tú. Y nadie nos verá. Y miras.

Y nadie. Sólo el aire, tú y yo.
Y tú tampoco, ¡ah, liriales brisas!
Tú como el aire siempre. Tú en los sueños.
Tú como el aire verde transitiva.